miércoles, 13 de julio de 2016

La religión del Islam comienza con una corriente guerrera y su lema es acabar con el infiel

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La religión del Islam comienza con una corriente guerrera y su lema es acabar con el infiel



Podemos pensar que el Estado Islámico  es una variación de la religión, pero es tan religión como las otras versiones islamistas. El Estado Islámico reivindica al Coran, cree en el Califato.
 

A diferencia de las otras religiones que nacieron como una prédica de amor y de hermandad, el Islam no nació así.  Rápidamente se convirtió en una empresa de conquistas de territorios, de naciones, de pueblos. No hay que esperar a los sucesores del profeta, pues él era un guerrero. Es una gran diferencia con la situación de Cristo. Los guerreros del cristianismo vienen con las cruzadas en los siglos  XI y  XV, sin embargo el cristianismo no es una religión que nació con combatientes. En cambio, Mahoma es un profeta guerrero y combatiente. La religión del Islam comienza como una corriente guerrera. El profeta dice que hay que acabar con el infiel y el infiel es el sinónimo de mucha gente.

En ese sentido, no tenemos que extrañarnos con lo que ahora ocurre. La región musulmana en su momento avanzó y dominó totalmente la Península Ibérica. Es una religión que nació guerrera y conquistadora. Se implantó  en Medio Oriente, el norte de Africa, el Asia central, llegó hasta Malasia e Indonesia , todo con recursos no piadosos. Eran recursos militares, armados, y por supuesto también con motivos comerciales. Hasta hace unos años fue una religión que ha estado de alguna manera tranquila, adormecida o calmada, pero ahora ha recuperado su fuerza beligerante.

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                   El Estado Islámico y su violencia para expandir su pensamiento. Forumlibertas

Claro que hay factores como la penetración de la mentalidad de Occidente, que en los territorios del Islam ha producido efectos. Efectos como la “occidentalización” de costumbres en esas comunidades. Eso ha provocado una reacción. Occidente avanza con su mentalidad muy diferente, con sus propuestas, con sus principios de liberalidad y empieza a mermar o infiltrar la mentalidad de Medio Oriente. Esto despierta una reacción religiosa violenta de todo el conglomerado. Desde la dirigencia religiosa que proclama, en primer lugar, limpiar  la tierra del Islam de toda esa injerencia occidental.

Esa influencia occidental ha llegado en las tierras del Islam a la mujer. Algo que es insoportable para esa religión es que las mujeres tomen su vida por su cuenta. La herida principal está allí. La religión Islámica, protesta con violencia  y sangre, en contra de la reforma  cultural en el tema de las mujeres. Es una protección absoluta de la familia, regida siempre por el mandato masculino.

Podríamos pensar que sus ataques se dan para poner en escena la reivindicación de su religión, desde la defensa de las tribus, desde la defensa de la estructura familiar, desde la defensa del predomino masculino y el control férreo sobre las mujeres, todo eso está allí. También podríamos pensar que la lucha es la posibilidad de exteriorizar las  pulsiones violentas dirigiéndolas al extraño, contra el apóstata, contra el ateo, contra el enemigo de la religión y de Dios. Al mismo tiempo el estado de guerra contra el infiel unifica férreamente la comunidad musulmana. Es el modo como funcionan, para la vida y la muerte, las grandes religiones.

En Occidente también hay exclusión violenta , hay nacionalismos agresivos, como una especie de contraparte a esta agresión y violencia del extremismo islamista.

Nos preguntamos si los islamistas van a seguir sus ataques y hasta cuándo. Podemos rastrear históricamente los comienzos de estos problemas. Hay  estudios que dicen que el capitalismo europeo y norteamericano hirió la conciencia musulmana, luego la respuesta que ahora tenemos. Pero en el siglo VII los musulmanes avanzaron ofensivamente sobre la Europa cristiana. Entonces ¿dónde empezó el problema: en el siglo XX o en el siglo VII? No es cuestión de fijarse en eso precisamente, pero sobre todo se puede, de alguna manera, entender que la penetracción de Occidente en Medio Oriente desencadenó en algo la reacción del islamismo.

Es difícil prever cómo terminará esto porque los problemas no se acabarán con la extinción del Estado Islámico. El islamismo no va a alejarse de la posición radical. En el islamismo trasciende las organizaciones, pues está Al Qaeda, está la tendencia radical del Hezbolá. Está además  Irán, que es agresivo contra Estados Unidos e Israel y la mentalidad del chiísmo también es beligerante.

El retorno de las religiones en la escena política

El retorno de la región ha estado pendiente en la política desde los años 60. Jacques Lacan, psicoanalista francés, desde los años 70 anunció el retorno de la religión católica, pero el giro que ha tenido este tema, por poner un ejemplo, se da en el año 2001 desde el ataque atroz a las Torres Gemelas, en Estados unidos. Desde ahí la religión toma otra dirección. La religión católica se fortalece, pero paralelamente toma fuerza el Islamismo, que es una religión extremadamente seria  por su violencia y agresión hacia las otras religiones o simplemente en contra de las posturas no religiosas.

Lacan veía que la ciencia en su alianza, en su conexión, con el capitalismo había desestructurado los referentes del sentido, sus referentes de autoridad, los referentes tradicionales, y la religión es un referente. Incluso el gran proyecto de retomar un sentido no religioso con las creencias de Marx, o el nazismo, como un intento no religioso, que basa su fundamento en la tierra y en la raza. Todos estos proyectos “laicos” sin embargo fracasaron. Eso no quería decir que se había anulado el esfuerzo del sujeto humano por encontrar una especie de orientación en medio de la dispersión de creencias y relativismo. Estamos envueltos en la “rosada luz” del capitalismo, de la oferta, la acumulación de bienes materiales que dispersan  la conciencia. Produciendo, en otro lado, la angustia que ha tratado de ser paliada con otros recursos como el consumismo, o los deportes extremos. Se anhela recuperar el sentido último, corriendo en la dirección de los riesgos y peligros. La guerra religiosa ofrece un camino que suma brutalidad y sacrificio.

Fuente: laconversacion.net

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