martes, 2 de agosto de 2016

Relato de como la Familia Rosa se dio cuenta de que tenía antepasados judíos.

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Relato de como la Familia Rosa se dio cuenta de que tenía antepasados judíos. 




El viaje fue corto, en poco menos de dos semanas llegaron los “kit” que contienen dos raspadores, y dos tubitos con líquido que ayuda a preservar el A.D.N recolectado del interior de la boca y, hasta el sobre para enviarlo al laboratorio de Family Tree DNA. A esta gente no se les escapó ni un detalle. El proceso no envuelve ni una gota de sangre y no causa dolor ni incomodidad alguna.

Los resultados no se hicieron esperar y en cerca de un mes la data final llenó de sorpresa a mi familia. Un mensaje de correo electrónico nos trajo la noticia. El A.D.N. (Y) de mi padre, Pascual Rosa-Feliciano pertenece al haplogrupo J2.
Inmediatamente tuve que refrescar los crudos conocimientos que poseía de genética y como siempre la Internet me ofreció rápidas respuestas. La cantidad de información era casi abrumadora. Mientras tanto la sorpresa se complicaba un poco con la lista de la base de datos de Family Tree DNA que emparentaba a mi padre con una docena de hombres de origen del oriente de Europa y, de lugares tan lejanos como: Bielorusia, Lituania, Polonia, Checoslovaquia, Alemania, Ucrania, etc, todos judíos.

Cuando hablamos del tema, previo a la llegada de los resultados mi padre y yo teorizamos acerca de los resultados de la prueba. Ambos esperábamos resultados de la etnia española o del Sur del Sahara con alguna ascendencia quizás del oeste de Africa. Todas nuestras especulaciones resultaron erradas. Me tomó varias horas procesar toda la nueva infomación sobre el pasado y origen étnico de mi familia y a la misma vez se encendían en mi mente luces con respuestas del por qué de la secretividad de la familia.

Habían escondido que eran judíos por 400-500 años. Eran los despreciados “marranos” de los que había leído en mis libros de la historia de las Cruzadas. Tema que me obsesionaba desde mi juventud y el que había investigado para varias de mis clases durante mis días de universitaria. ¡Tantas disgresiones personales que inmediatamente tuvieron respuestas claras Mi familia era parte de la diáspora judía. Quizás por eso los hombres de mi familia son católicos de nombre y solo pisan la iglesia para bodas y funerales. Probablemente, eso explicaba la afiliación de mi bisabuela con la Iglesia Adventista del Séptimo Día, religión cristiana que mantiene la observancia del sábado y otras tradiciones, como la dieta judía. Puras especulaciones de mi parte, pero teorías plausibles en mi mente.

Llamé a mi padre y la sorpresa fue mucha. Pascual Rosa- Feliciano el veterano de la Guerra de Corea, el sargento de la Reserva del Ejército de los Estados Unidos, el perito electricista que trabajaba 20 horas al día durante la zafra de la Central Azucarera Coloso, estaba sinceramente emocionado al conocer de sus ancestros judíos. Su tono era de sopresa y de mucho respeto.

Comenzaron a llegar los mensajes por correo electrónico de parte de los que en un comienzo fueron los primeros doce primos genéticos. Algunos de ellos con un marcado linaje sacerdotal o levitas, otros de ascendencia ashkenazi-judía. Estos hombres en su mayoría conocían bastante de su pasado. Varios eran sobrevivientes del Holocausto y solo podían trazar sus historias familiares hasta ese momento negro de la historia de la humanidad. Apellidos como: Glazer, Greenspan, Huebscher/Hubscher/Hübscher, Issroff, Lourie, Mokotoff, Nathan, Nitz, Rosoff, Rossoff, Russler, Sachar, Spector, Spertus, Tanenbaum, Tenenbaum, Tobin, Wolinsky emergieron atados a los Rosa por lazos genéticos. En muchas ocasiones era simplemente imposible ignorar las similitudes fonéticas entre apellidos como Rossoff, Rosof, Isroff y Rosa. Utilizando algunos de estos nombres se creó el acrónimo WIRTH-Nigloss8, para agrupar a los miembros del grupo, que eventualmente se conviritió en solo WIRTH al descubrir asombrosas anormalidades comunes en su firma genética.


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