jueves, 1 de septiembre de 2016

Me avergüenzo de ser árabe

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Me he resistido mucho tiempo a decir esto, pero la violencia árabe en curso en Jerusalem ha empujado la idiotez árabe más allá de mi capacidad de tolerancia. Ahora necesito decirlo y decirlo públicamente: Estoy avergonzado de ser árabe.


Desde el principio, nos hemos negado a aceptar la existencia de un pequeño estado judío. Luchamos contra ese Estado con uñas y dientes utilizando todo el veneno y el antisemitismo que pudimos reunir.

Aislamos y maltratamos a nuestros propios hermanos palestinos para poder utilizarlos como herramientas contra los judíos. No hemos cejado. No hemos mostrado una pizca de compasión, humanidad, ni siquiera inteligencia. Hicimos de la destrucción del hogar judío nuestra marca registrada. Hicimos que se odiara nuestra religión. ¿Cuando acabará esta tontería?

Incluso algunos de nosotros árabes que tenemos el privilegio de ser también israelíes no hemos aprendido a comportarnos como personas civilizadas. Despreciamos, amenazamos y silenciamos a Mohammad Zoabi, uno de los nuestros, porque se atrevió a profesar amor por su país y repulsión hacia los terroristas. Nos hemos manifestado en apoyo, no de nuestro propio estado, Israel, sino en apoyo de los terroristas que quieren su destrucción.

Aquellos de nosotros que estamos en condiciones de aceptar a los judíos como hermanos y hermanas que son, somos pocos y distantes uno de otro. Puedo contar con los dedos de las manos los honrosos árabes que adoptan tal postura públicamente. El resto de nosotros somos una vergüenza, la plaga de Oriente Medio, y una mancha sobre la humanidad.

Creamos Hezbollah, Hamas, Al Qaeda, Daesh, y decenas de otros grupos terroristas. También creamos generaciones de dictaduras tiránicas en todo Oriente Medio. Algunas de esas dictaduras son lo mejor que podemos mostrar en un mundo que nos ve como sanguijuelas incapaces de construir democracias e incluso economías.

Jerusalem pertenece a los judíos, no sólo porque es suya por derecho, sino también porque nosotros no merecemos nada. Aquellos de nosotros árabes que viven en Israel, Cisjordania y Gaza, hace tiempo que habrían sido deportados si los judíos se comportaran como nosotros. Sin embargo, seguimos presionando y presionando, con la esperanza de romperlos.

Los judíos no se romperán. No se romperán en Jerusalem ni en ningún otro lugar, ya que son mucho mejores que nosotros. Nosotros seguiremos revolcándonos en nuestro propio complejo de víctimas mientras los judíos prosperan, y esto, compañeros árabes, es todo lo que nos merecemos.

Enlace Judío

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