domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Cómo sé si soy judío?

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¿Cómo determinamos entonces quién es judío?

Por Menajem Posner

Muchas personas se preguntan si son judías. Quizás porque sienten una atracción interior hacia el judaísmo y hacia el pueblo judío. Quizás porque hubo un secreto entre sus generaciones pasadas que los lleva a creer que su árbol genealógico es más complicado (y más rico) de lo que ven sus ojos. Quizás porque tienen un apellido poco común o costumbres familiares poco comunes. O quizás sea sólo curiosidad.

¿Cómo determinamos entonces quién es judío?, y ¿qué hacemos con esa información una vez que la tenemos?
Cuestiones básicas

El judaísmo se transmite sólo a través de la línea biológica femenina. Esto significa que si tu linaje judío viene de la madre de tu madre, de su madre, de su madre y de su madre (etc.), eres judío, incluso si todas las otras ramas de tu familia no lo son.

(Por otro lado, si tu línea materna te lleva a un no judío, incluso aunque vivas en Nueva York, comas Bagels con shmear y les tengas mucho miedo a los perros, no eres judío).

Pero el judaísmo no sólo se transmite por sangre. Si te conviertes al judaísmo bajo la tutela de un beit din (una corte judía) ortodoxoconfiable, eres 100% judío, y también lo será toda tu descendencia que nazca después de la conversión (si eres mujer).
En la práctica

Si toda tu vida has vivido como judío y como parte de la comunidad judía (al igual que tu familia biológica lo ha hecho desde siempre), está bien asumir que eres judío. Lo mismo se aplica para alguien que se haya convertido o sea descendiente directo de una mujer conversa.

Si has vivido como no judío y te gustaría determinar tu herencia materna judía, es probable que necesites mostrar más evidencia que “Una vez le pregunté a mi tía Charlene si éramos judíos y me miró sin saber qué decir”. Por un montón de razones que van más allá del alcance de este artículo, las pruebas genéticas tampoco son suficientes.

No es que la comunidad judía sea hostil con la gente que ha perdido su filiación tribal por una o dos generaciones. Es sólo que se quiere asegurar de que en verdad seas un miembro de la tribu antes de afirmar que lo eres.

Existe la posibilidad de que necesites buscar documentos viejos (o a una persona judía que pueda testificar que tus ancestros fueron judíos).

El tipo de documento necesario puede variar. Por ejemplo, en Rusia, la gente judía tenía escrita su procedencia étnica en el pasaporte. El problema es que los rusos a veces consideraban a los hijos de hombres judíos como judíos. Además, mucha gente quitaba a propósito la temible “quinta línea” del pasaporte, porque el antisemitismo sistemático hacía que fuera difícil para los judíos avanzar en la sociedad soviética. Pero el pasaporte de una bisabuela nacida antes de que el casamiento entre religiones se volviera algo común podría servir como evidencia.

En algunas partes de Canadá, los registros de los nacimientos reconocidos por la ley se guardaban en general en las sinagogas hasta la década de los noventa. Por ende, un registro de nacimiento o de casamiento de una sinagoga ortodoxa sería una evidencia importante. En Estados Unidos, en cambio, las sinagogas no guardaban los registros, y todo lo que se registraba solía desaparecer cuando cerraban las congregaciones. Las posibilidades de encontrar un documento decisivo para la identidad judía escondido en un archivo son mucho menores.

Hay rabinos y documentos rabínicos que se especializan en documentación de diferentes partes del mundo. Los rabinos con experiencia en este campo suelen ser escépticos. La experiencia les ha enseñado que los documentos pueden ser falsificados, y han aprendido a hacer preguntas difíciles y a ahondar profundo antes de concluir que una persona es judía.

Pero eso no debe detener tu búsqueda. Después de todo, si no buscas, las posibilidades de encontrar algo son aún más pequeñas.

Si descubres que hay un linaje judío en la familia de tu madre pero has vivido toda tu vida como no judío, es costumbre que te sumerjas en la mikve, no a modo de conversión (porque ya eres judío), sino como símbolo de un corte respecto de tu pasado no judío.
Soy judío, ¿y ahora qué?

Para algunas personas, descubrir que son judías es algo fascinante. De repente tienen que volverse parte de una comunidad desconocida y aprender una nueva cultura, un nuevo sistema de creencias y una forma de vida que quizás no supieran que existía. La buena noticia es que puedes tomártelo con calma, y deberías hacerlo. Toma prestados algunos libros de la biblioteca, inscríbete para recibir los emails de Jabad.org, y ve a conocer a la gente del Beit Jabad más cercano.

Di-s te conoce bien (después de todo, él te creó). No espera que escales el muro en un solo día. Crece un poco como judío cada día, y agrega, lento pero seguro, elementos de la práctica judía. De a poco, te vas a sentir cada vez más un miembro integral de la comunidad. Te puede llevar un año. Te puede llevar una década. Pero llegará un momento en el que mires a tu alrededor y digas: “Sí, me siento como en casa, y aquí estoy cómodo”.
¿Qué pasa si no encuentro nada?

Hay algunas personas que tienen buenas razones para creer que son judías, pero no encuentran la documentación para probarlo. Si eres uno de esos y estás en verdad comprometido con el estilo de vida judío (shabat, casher, etc.), te puedes someter a lo que se conoce como giur lejumra, una conversión, sólo para estar seguro.

¿Qué pasa si descubres que tienes ancestros paternos judíos o si no puedes encontrar ningún elemento judío concreto en tu pasado?

Tienes una opción. Puedes continuar tu vida como no judío, pero con una conexión especial con el judaísmo y con la Torá. Al vivir bajo la rúbrica de los Siete Preceptos de las Naciones, puedes mantener (y hacer crecer) tu estatus de buen amigo del pueblo judío, incluso sin ser judío.

Y si deseas (y las circunstancias te lo permiten), puedes elegir convertirte al judaísmo. Sólo una conversión llevada a cabo por un beit din ortodoxo confiable te llevará a tu objetivo, así que asegúrate de hacerlo bien.

En resumen, la conversión consiste en aprender y aceptar los mandamientos de la Torá, la circuncisión y la inmersión en una mikve, todo bajo la guía del beit din. Una vez que te conviertes, no hay vuelta atrás. Estás obligado a vivir por completo una vida judía, así que toma esta decisión con prudencia.
¿Por qué a mí?

Es normal cuestionar por qué Di-s te envió por esta ruta enrevesada. ¿Por qué no podrías haber nacido en la familia Goldstein de Brooklyn y haber ido a la escuela con un montón de otros judíos? Es posible que nunca sepamos la respuesta. Sin embargo, sí sabemos que nada es accidental.

En todas las partes del mundo hay chispas de santidad que esperan a ser elevadas. El propósito del pueblo judío es encontrar estas chispas y devolverlas a su fuente en el cielo. Algunas de ellas son fáciles de encontrar. Pero las chispas más preciosas de todas son las que están escondidas en los rincones más recónditos y oscuros.

Cada alma tiene una misión específica en la vida, y a las almas más sagradas y fuertes se les encomiendan las misiones más difíciles de todas: regresar a su fuente las chispas más especiales. Quizás tu alma es una de esas pocas valientes que tienen los recursos para servir a Di-s en las circunstancias únicas en las que Di-s te puso.

Esto no hará la carga más liviana, pero sí nos aclara que no es un castigo ni una forma de rechazo. Por el contrario, Di-s te puso en este difícil camino porque cree en ti. Y si él cree en ti, tú también debes creer en ti.

Fuente: Jabad

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