miércoles, 23 de noviembre de 2016

Perdonar, por nuestro propio bien: Está prohibido que una persona sea cruel y se niegue a perdonar

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Hiljot Teshubá 2:10, Perdonar, por nuestro propio bien


    Teshuba

Los días de Elul son días de Teshubá. Le pedimos perdón a HaShem por cualquier transgresión que pudimos haber hecho en contra de Su Torá, voluntaria o involuntariamente.

También debemos pedir perdón a nuestros compañeros, amigos y familiares por las ofensas o por los daños que pudimos haberles causado.

Y también tenemos que estar dispuestos a perdonar.

En el capítulo 2, Halajá 10 de HILJOT TESHUBA Maimónides habla sobre la importancia de perdonar.

“Está prohibido que una persona sea cruel y se niegue a perdonar… cuando alguien se acerca a él pidiéndole perdón, debe perdonarlo con todo su corazón y con un espíritu positivo… sin buscar la venganza ni guardar resentimiento… esta es la actitud de los descendientes de Israel [zera’ Israel] “
Perdonar es un acto sicológico muy complejo y a veces emocionalmente difícil. Pero en estos días de Teshubá, cuando estamos pidiendo a HaShem que nos conceda Su perdón, los Yehudim debemos estar dispuestos a perdonar a quienes nos han ofendido.  No podemos pretender ser perdonados por Dios si no somos capaces de perdonar al prójimo.

El verdadero “perdón” incluye también nuestra capacidad de olvidar. Debemos recordar definitivamente las lecciones que hemos aprendido de todas nuestras experiencias negativas. Pero tenemos que hacer un gran esfuerzo para borrar el deseo de venganza, el resentimiento y los sentimientos de odio que podrían estar creciendo dentro de nosotros.

Si hemos decidido perdonar a quien nos ofendió, pero de alguna manera todavía guardamos rencor y resentimiento, el perdón no se ha alcanzado. Hay que entender que al no perdonar nos causamos un gran daño a nosotros mismos. Cuando no eliminamos de nuestra mente los sentimientos de animosidad hacia quien nos ofendió, le permitimos a esa persona–a su imagen y a su recuerdo negativo–apoderarse de nuestra atención, de nuestros pensamientos y de nuestro corazón (en algunos casos:  de nuestras vidas).

Es cierto que perdonar es bueno para quien nos ofendió, porque le estamos ofreciendo con generosidad la oportunidad de reconciliación.  Pero sin duda, quien más se beneficia del perdón es la víctima, quien fue ofendido. Al perdonar uno elimina de su sistema emocional el rencor, el odio y el resentimiento, todos esos sentimientos autodestructivos, y uno recupera el control de su estabilidad emocional.

Aclaración: Aquí nos referimos a perdonar ofensas menores, en particular a agravios sociales, es decir, cuando un amigo, un familiar o un vecino, dijo algo negativo de nosotros o hizo algo que nos ofendió, etc.  No estamos hablando de crímenes, actos de terrorismo, etc.

Fuente: Halaja.Org

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