domingo, 29 de enero de 2017

Hubo profundas tinieblas en toda la tierra de Egipto durante tres días

PUBLICIDAD






Un rayo de luz


Recientemente ha habido algunos grandes cortes de electricidad en vastas franjas de los Estados Unidos. Aun recuerdo el ensayo que escribí en la escuela secundaria acerca del gran apagón de los años 60. En Johannesburgo, donde ahora vivo, experimentamos fallas en la electricidad localizadas en forma más que frecuente. A veces eso hace que no podamos disfrutar un cholent caliente en la tarde de Shabat.

Todos esos apagones son sólo inconvenientes menores, cuando los comparamos con el Gran Apagón en Egipto antes del Éxodo. La novena plaga fue Tinieblas y por el relato bíblico, parece hacer que los cortes de electricidad actuales sean insignificantes.

"Hubo profundas tinieblas en toda la tierra de Egipto durante tres días. Ningún hombre podía ver a su hermano, ni ninguna persona podía siquiera levantarse de su lugar durante tres días. Y para los Hijos de Israel hubo luz en todas sus moradas" (Éxodo 10:22-23).

De acuerdo con los comentaristas, no fue simplemente una ausencia de luz sino una niebla tangible que empeoraba con el tiempo. Los primeros tres días no podían ver. Los siguientes tres días no podían ni siquiera moverse. Pero, milagrosamente, calle abajo, en el vecindario judío de Goshen ¡había luz!

Este versículo "Y para los Hijos de Israel hubo luz en todas sus moradas" hizo que el santo Rabí Israel de Ruzhin diera la siguiente hermosa explicación homilética: "Todo judío es un rayo de luz. Sólo depende de sus 'moradas'". El entorno en el cual a veces se encuentra el judío arroja una sombra sobre la espiritualidad y luz que innatamente posee. De ninguna manera, sin embargo, no disminuye de la luz Divina dentro de cada judío. No todo entorno conduce hacia la luz. A veces un judío puede ser afectado negativamente por su entorno. Pero intrínsecamente, todo judío es un rayo de luz.

¿Cree en Di-s? No es suficiente. Debe creer también en los judíos. Ni siquiera ser cínico acerca de los judíos cínicos. Se que no siempre es fácil, aun para aquellos de nosotros que filosóficamente, nos identificamos con este concepto. A menudo debo discutir con los miembros del minian de mi sinagoga sobre este tema. Un individuo viene a decir Kadish tras perder a un ser querido, y los asistentes habituales de la sinagoga a veces tienen sus pequeñas apuestas privadas: ¿Seguirá adelante y recitará el Kadish todo el año o desaparecerá después del período de duelo inicial? Algunos de los individuos son cínicos, de acuerdo a experiencias pasadas. Ellos citan el viejo adagio judío: "El malaj hamavet (ángel de la muerte) alimenta las sinagogas". A menudo debo desempeñar no sólo el rol de defensor de la fe, sino de defensor del rebaño. Nunca perder las esperanzas con ningún judío, siempre les digo. En verdad, muchas veces me vi. gratamente sorprendido cuando un judío de quien la sinagoga creía que era completamente extraño se convirtió en uno de nuestros asistentes regulares.

Admito que también hay veces que tengo que recordarme a mi mismo no convertirme en un cínico y aferrarme a mis propias creencias ideológicas. Un incidente particular, hace algunos años, permanece en mi mente. Fuimos invitados por amigos para ver un nuevo documental dramático sobre el Holocausto. Era una producción larga y éramos bastantes pocas personas. Decidimos tener un intervalo. La interrupción también nos dio la oportunidad de orar minjá (las plegarias de la tarde). Entre los invitados estaba un tío de nuestro anfitrión, un conocido y exitoso comerciante en diamantes también conocido por ser un ateo declarado. No estaba seguro que debía hacer con él. ¿Debía ofrecerle un sidur (libro de plegarias) o no? ¿Lo consideraría una provocación y se disgustaría? En mi inseguridad, decidí no hacer nada.

Posteriormente, cuando miré a mi alrededor, él no estaba a la vista. Al día siguiente su sobrino confirmó mis sospechas. Estaba disgustado por no haber sido invitado a unirse a las plegarias. "¿No soy también un judío?" Le preguntó. Estaba justificadamente herido e hice esfuerzos especiales en las semanas siguientes para apaciguarlo, asegurándole que realmente creía que era un judío como yo.

Aprendí una importante lección de este episodio. Nunca dar por perdido a ningún judío. Nunca ser cínicos acerca de los cínicos. Todo judío es un rayo de luz. Todo lo que necesitamos es hacer el entorno un poco más conducente, y la luz inherente brillará.

Fuente: Jabad

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

deja tu comentario aqui

Unete Facebook