viernes, 13 de enero de 2017

Judíos cubanos de Miami esperan que Trump proteja a su comunidad en la isla

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Para Marcos Kerbel, saber que un judío devoto estará cerca del presidente electo de Estados Unidos para ayudar a formular la política hacia Cuba es una señal alentadora.


Donald Trump nombró a Jason Greenblatt, alto ejecutivo de la Organización Trump y judío ortodoxo, a un nuevo cargo como representante especial para negociaciones internacionales. Se espera que su cartera incluya las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos y las relaciones de Estados Unidos con Cuba.

Aunque los partidarios del acercamiento del presidente Barack Obama a Cuba consideran que escoger a un ejecutivo de negocios de Trump es una señal esperanzadora de que los instintos de negocios del magnate de los bienes raíces comienza a hacerse sentir, los judíos cubanos de Miami lo ven como un aliado potencial que se ocupará de la vulnerable comunidad judía de Cuba, que se ha reducido a unos pocos cientos de personas después de 50 años de gobierno comunista y las restricciones a las libertades religiosas.
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“Queremos asegurarnos de que cualquier cosa que se haga —o que se deshaga— no afecte a los judíos en Cuba”, dijo Kerbel, uno de los líderes de la comunidad de judíos cubanoamericanos de Miami. “Esas personas son extremadamente pobres”.

Kerbel, de 70 años y ex presidente de la Congregación Hebrea Cubana de Miami. espera que Greenblatt visite las tres sinagogas de La Habana, incluida la de la Comunidad Religiosa Hebrea Adath Israel, la única ortodoxa de la isla, en La Habana Vieja, donde se casaron los padres de Kerbel y donde le celebraron su bar mitzvah. También exhortó a Greenblatt a visitar el cementerio judío en el sureste de La Habana, donde un tío suyo, el primero de la familia en emigrar a Cuba desde Polonia, y muchos otros de la primera generación de judíos cubanos están enterrados.

Kerbel sugirió que Greenblatt converse con el carnicero donde su madre compraba pollo kosher para las celebraciones.
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“Encontrará un grupo de personas que tratan de mantener las tradiciones”, dijo Kerbel.

Poco se sabe de Greenblatt, quien nunca ha ocupado un cargo público, pero ha dedicado los últimos 20 años a negociar a nombre de Trump y sus proyectos de bienes raíces. Trump calificó a Greenblatt como uno de “sus asesores más cercanos y confiable” y dijo que sus responsabilidades serán aconsejarlo en las negociaciones internacionales y acuerdos de comercio en todo el mundo.

Greenblatt fue copresidente del Comité Asesor sobre Israel de la campaña de Trump y ha hablado sobre el apoyo del gobierno del presidente electo a Israel. Pero no ha discutido en público ningún asunto cubano y no se conoce su postura sobre el acercamiento de Washington con La Habana.

Greenblatt ha viajado antes a La Habana a nombre de Trump, incluido un viaje en el 2013 para explorar la posibilidad de invertir en un campo de golf allí. En octubre, el Ministerio de Turismo de Cuba invitó a la Organización Trump y a Greenblatt, junto con otros operadores de hoteles, a una feria internacional para promover esas actividad. Aparentemente, Greenblatt no asistió.
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Pero su historial ha creado esperanzas entre algunos en la comunidad empresarial de que Trump no eche atrás la apertura comercial y permita que las relaciones sigan desarrollándose.

“Tanto Jason como el presidente electo son hombres de negocios, de manera que uno esperaría que sus instintos empresariales prevalezcan y solidifiquen la apertura con Cuba”, dijo Jake Colvin, vicepresidente del Consejo Nacional de Relaciones Comerciales con el Extranjero.

Los cubanos de Miami observan de cerca a Greenblatt, según Sebastián Arcos, director adjunto del Instituto de Investigaciones sobre Cuba de la Universidad Internacional de la Florida.
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Pero hay interrogantes sobre su experiencia. Sobre la base de su historial, queda claro que su prioridad es Israel, dijo Arcos, quien agregó que espera que Greenblatt se apoye en otros en el equipo de transición de Trump que conocen más de la situación cubana, como Mauricio Claver-Carone, director ejecutivo del comité de acción política U.S.-Cuba Democracy PAC, quien ha criticado la apertura de Obama hacia Cuba.

Muchos en Miami que se opusieron a la decisión de Obama de hacer menos estrictas las normas sobre viajes y comercio con la isla creen que eso ayudó a Trump a ganar en la Florida, y ahora esperan algo a cambio.

“Trump ha dicho que hará varias cosas sobre Cuba”, dijo Arcos. “Y esos cubanos están entusiasmados con echar atrás una política que creen que estuvo equivocada desde el principio. Y Trump dijo: ‘Yo voy a arreglar eso’. Y ahora están alentados de ver cómo lo va a arreglar”.

Trump no ha enviado señales uniformes sobre cómo planea enfocar la política estadounidense sobre Cuba. Durante la campaña, dijo que apoyaba la idea de reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba, pero también prometió echar atrás la apertura de Obama a menos que el gobierno de La Habana libere a los prisioneros políticos y restaure las libertades religiosas y políticas.
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Ni el equipo de transición de Trump ni Greenblatt respondieron a solicitudes de entrevistas.

“Mi filosofía, tanto en los negocios como en la vida, es trabajar para unir, no dividir, porque ese es el mejor camino al éxito”, dijo Greenblatt en una declaración emitida por el equipo de transición de Trump.

Casi el 95 por ciento de la población judía de Cuba abandonó la isla para radicarse en Estados Unidos después que Fidel Castro tomó el poder y estableció un gobierno comunista. La mayoría se asentaron en Miami, aunque varios cientos emigraron a Israel.

En Cuba quedan entre 500 y 1,500 judíos, fundamentalmente en La Habana, donde apoyan, además de la sinagoga ortodoxa de Adath Israel, otras dos: una sinagoga sefardita y el conservador Templo Beth Shalom, construido en 1957, cuando entonces había en Cuba unos 15,000 judíos cubanos, según B’nai B’rith International, que ha ofrecido ayuda religiosa y humanitaria a la comunidad judía cubana durante 20 años, desde que el gobierno permitió más libertades religiosas.



Cada sinagoga ofrece comidas y administra una farmacia que distribuye medicinas gratis no sólo a la comunidad judía local, sino también a otros en sus respectivos vecindarios, con la ayuda de un farmacéutico local.

A Alan Gross, quien estuvo cinco años preso en la isla, acusado de ser un espía estadounidense, por su labor de tratar de establecer conexiones de internet para la comunidad judía cubana, le preocupa que cualquier medida que tome Trump para echar atrás la apertura en materia de viajes y remesas, afectaría a la comunidad judía cubana.

“Son cosas serias desde el punto de vista económico, de salud, religioso, y más importante psicosocial”, dijo Gross. “¿Cómo responderá el pueblo de Cuba?”

Jaime Suchlicki, judío y director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, piensa que nombrar a un judío ortodoxo es una señal de que Trump planea echar atrás la apertura de Obama hacia Cuba, y señala que Cuba está alineada con Venezuela e Irán, dos países cuya política exterior es totalmente opuesta a Israel.

Hablar de política es difícil para algunos judíos cubanos. Ellos prefieren permanecer apolíticos y mantener la amistad en ambos lados del Estrecho de la Florida. Pero las opiniones sobre el acercamiento siguen posturas generacionales, que están separadas.

Sergio Grobler, de 75 años, dice que su hijo le ha hablado de visitar Cuba. Grobler lo ha alentado a que lo haga, pero dijo que él no visitará la isla mientras el gobierno comunista esté en el poder.

“Yo no voy a visitar a los reyes de Cuba. El día que haya elecciones, voy y voto como hombre libre”, dijo Grobbler. “Mientras tanto, no puedo sentarme en un hotel a comerme un buen bistec mientras mis hermanos y hermanas se mueren de hambre”.

Fuente: El Nuevo Herald


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