viernes, 27 de enero de 2017

Michael Shinagel, de sobreviviente de los nazis a decano más longevo de Harvard

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Michael Shinagel, el Decano más longevo de la Universidad de Harvard, escapó de los nazis cuando tenía siete años y recorrió medio mundo hasta llegar instalarse en Nueva York, donde su vida se entrelazó con la historia de Israel.


Ahora retirado, el hombre de 83 años publicó sus memorias de una vida intensa y marcada siempre por haber sobrevivido al Holocausto y los planes genocidas del dictador Adolf Hitler, hasta convertirse en Decano de una de las universidades más prestigiosas del mundo de 1977 a 2013, por más tiempo que ningún otro.

"Mis años de formación fueron años de trauma y ansiedad", dijo en una entrevista con Rich Tenorio al periódico The Times of Israel. "Bloqueé casi todo. Hice muchos años de terapia pero no pude acceder a los recuerdos de mi infancia. Un psiquiatra me dijo que la razón de ese bloqueo era para protegerme a mí mismo", agregó.

Pero Shinagel no se conformó, viajó a su Austria natal y se dedicó a leer, y confrontar, la literatura sobre el holocausto.

La quema de objetos provenientes de una sinagoga durante el Kristallnacht, en 1938. La familia Shinagel evitó la ola vandalismo contra judíos escapando de Austria (Times of Israel)

Fruto de eso, el Doctor en Literatura Inglesa publicó el año pasado el libro "De sobreviviente del Holocausto a Decano de Harvard: memorias del progreso de un refugiado".

Shinagel nació en Viena en 1934, hijo de Emmanuel, un inmigrante polaco, y Lilly, la hija de un rabino checo.

"Viena era un imán para las personas en Europa, particularmente judíos", contó. "Las élites culturales y profesionales de la ciudad eran predominantemente judías", explicó citando al fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, al filósofo Ludwig Wittgesntein y al músico Gustav Mahler como ejemplos de sus residentes.

"Pero los vieneses eran notoriamente antisemitas", contrastó.

La situación empeoró en 1938, cuando la Alemania Nazi anexó a Austria en el llamado Anschluss. Rápidamente su padre entendió que debían escapar y logró sacar a su familia del país justo antes del Kristallnacht, la "Noche de los cristales rotos" en la que comercios y hogares judíos en toda Alemania fueron vandalizados por militantes nazis y miembros de la población civil.

Como preparación, Emmanuel Shinagel fundió sus ahorros, acumulados en monedas austríacas hechas de oro de 24 quilates, y los moldeó en cajas de cigarrillos ocultas en la ropa que llevaban puesta. "Vivimos vendiendo esas cajas por tres años", relató su hijo al Times of Israel.

La familia logró cruzar Austria y la entonces Checoslovaquia hasta llegar a Bélgica. Tenían planes de alcanzar Francia y embarcar en Le Havre con destino al caribe francés como paso previo para llegar a Estados Unidos. Pero pocos días antes de su partida, en mayo de 1940, el ejército alemán lanzó su violenta ofensiva sobre el oeste de Europa.

Emmanuel tuvo que reportarse a la policía local belga ya que tenía pasaporte de una nación enemiga y entonces desapareció.

Con ayuda de la Cruz Roja su familia supo que fue enviado a Francia junto a otros judíos, donde lo internaron en un campo de refugiados que ya funcionaba para alojar a quienes aún escapaban de la Guerra Civil Española.

Tras la rendición francesa, los nazis se hicieron cargo del campo y le permitieron a Shinagel recibir visitas.

"Era una imagen perturbadora para un niño de seis años, ver a su padre detrás del alambre de púas, en ropa interior", contó Shinagel. "Me dijeron que le lanzara una golosina, como si estuviéramos en el zoológico alimentando a los animales", agregó.

Lilly, esposa de Emmanuel, convenció a la autoridades de liberar a su esposo porque era un ciudadano soviético con un permiso de inmigración a Estados Unidos. El engaño funcionó porque en aquel momento los nazis mantenían una alianza con la Unión Soviética, que romperían al año siguiente, y aún no estaban en guerra con Estados Unidos.

Las memorias de Shinagel dan también especial crédito a Hiram Bingham IV, agregado militar estadounidense en Francia que tramitó sus visas a pesar de que el Departamento de Estado de su país las prohibía para judíos.

"El Departamento de Estado era notoriamente antisemita", explicó Shinagel. Bingham no sólo ayudó a su familia sino que también salvó miles de vidas de judíos proveyendo visas, hasta que fue descubierto y enviado a Buenos Aires, Argentina.

De esta forma, los Shinagel pudieron abandonar Europa tomando un barco en Marsella con destino a la isla de Martinica.

Pero ese no era el fin de la ordalía. Debido al status de guerra entre Gran Bretaña y la Francia de Vichy, el estado títere que los nazis montaron en la parte sur del territorio ocupado, su barco fue interceptado en el medio del atlántico.

Martinica quedó descartada y se hallaron, en cambio, en la colonia británica de Trinidad, internados en un campo de refugiados durante seis semanas. En junio de 1941 finalmente lograron llegar a Nueva York, tres años después de haber dejado Viena.

La familia se instaló en Manhattan y Shinagel, que no sabía hablar en inglés, se las arregló para graduarse de la escuela secundaria del Bronx y acceder a la Universidad de Cornell, en Nueva York, y luego a Oberlin College, en Ohio.

Tras servir en la Guerra de Corea, consiguió una beca para estudiar literatura en la Universidad de Harvard, de la que finalmente sería Decano de Educación Continua, y se graduó en 1964 con un doctorado en Literatura Inglesa.

"Antes de la Segunda Guerra Mundial, los judíos no podían ser profesores titulares en Harvard, pero eso cambió drásticamente después de 1945", relató.

Una semana después de su graduación viajó a Viena y visitó a su antiguo departamento en el número 26 de la calle Eckpergasse.

Sus nuevos habitantes temían que Shinagel hubiera vuelto a reclamar objetos dejados atrás, pero él les aseguró que sólo estaba conectándose con su pasado, al que se aproximaba por primera vez.

En los 60s y 70s Shinagel dio clases en Cornell y en Union College hasta instalarse en Harvard en 1975.

Al año siguiente formó parte de una conferencia de verano que reunió a responsables educativos de Israel, Palestina, Turquía e Irán, algo hasta el momento impensado.

En esa conferencia conoció al delegado de las Fuerzas de Defensa de Israel, Baruch Levy, con quien trabó una amistad.

Diez años después, y ya ocupando el cargo de Decano, la Universidad tuvo sus primeras repercusiones del conflicto entre israelíes y palestinos.

Fue en 1986 cuando Shinagel decidió colgar una bandera de Israel, junto a otras insignias nacionales, en el comedor de un dormitorio estudiantil.

"Un grupo de residentes solicitó que se sacara ya que había una estudiante palestina en el dormitorio", contó.

Shinagel accedió al pedido, pero entonces un grupo de estudiantes judíos a los que describe como "militantes" lo visitó y lo acusó de antisemita.

"Tenía familia en Israel, había sobrevivido al Holocausto. Pero ellos no estaban preparados para apaciguarse", explicó.

Desde entonces el Doctor en Literatura ha estado trabajando para promover la paz en medio oriente gracias a la ayuda de Levy, que lo invitó a dar clases en Israel.

Durante esos viajes pudo conocer a Shimon Peres, el ex presidente y premier israelíes fallecido en 2016.

"Fue un estadista. Cuando hablaba a los palestinos, les hablaba como un maestro", contó.

Shinagel, quien dictó clases en Israel por 20 años, lamentó la situación actual de renovada violencia entre israelíes y palestinos

"Toda la promesa y esperanza de paz de hace 20 años está desapareciendo", dijo.

"Desafortunadamente, el Holocausto afectó a personas en muchas maneras muy profundas, y gente como Netanyahu nunca van a sentirse seguros ante un enemigo o potencial enemigo. Nunca van a poder hacer la paz", consideró, en referencia al actual primer ministro de Israel.

Las memorias Shinagel son, precisamente y en sus palabras, un intento de aprendizaje sobre el Holocausto y de hacer la paz con uno mismo.

Fuente: Infobae

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