lunes, 13 de febrero de 2017

José se reúne con sus Hermanos

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La tensión era palpable. La confrontación, inevitable. Doce hermanos se enfrentaban y el riesgo era nada menos que el futuro del pueblo judío. Yehuda se acercó al Virrey de Egipto, listo para conciliar o para pelear. “Por favor permítame decir algunas palabras en su oído porque usted es como el Faraón” (Génesis 44:18). Yehuda estaba diciendo: “Yo lo honro como al Faraón pero también es usted un mentiroso como el Faraón. Y estoy preparado para sacar mi espada ¡y terminar con usted y con el Faraón!” (Rashi).


Contestó el Virrey: “Si sacas tu espada, ¡yo voy a ponerla alrededor de tu cuello!”.

Yehuda se enrojeció de rabia. “¡¿Qué vamos a decirle a nuestro anciano padre?!”.

“¡Díganle que vino un animal salvaje y se lo comió, tal como le dijeron cuando vendieron a su otro hermano!”, fue la respuesta.

Los pelos de Yehuda se erizaron y salieron por su camisa. Tomó una roca en su mano y la pulverizó. “¿Le gustaría que Egipto fuera destruido? Déjeme quedarme en vez del joven (Binyamin) y que él retorne a su padre. Yo fui el que garantizó su regreso. Su siervo, nuestro padre, morirá cuando se dé cuenta que falta Binyamin”.

El Virrey replicó: “¿Por qué no pensaron en su padre cuando vendieron a su otro hermano? Tráiganlo aquí y lo tomaré en vez de Binyamin - ¡Estoy seguro que nadie garantizó su regreso!”.

Los hermanos estaban a punto de hacer una matanza en Egipto. “¡Ya le dijimos que nuestro hermano está perdido!”, exclamaron ellos.

“¡No, no lo está!”, fue la respuesta. “¡Él está justo en este cuarto!”.

Al escuchar estas palabras, los hermanos empezaron a mirar alrededor del cuarto en todas direcciones. “Yosef, Yosef hijo de Yaakov, revélate”. Mientras los hermanos estaban totalmente desconcertados por el giro que habían tomado los eventos, repentinamente escucharon las palabras: “¡Yo soy Yosef! ¿Vive aún mi padre?”. (Génesis 45:3, basado en el Midrash).

La parashá Vaigash es el punto cúlmine de la historia de Yosef y sus hermanos. El “gran planificador” tenía a sus hermanos justo donde quería: Él quería que supieran que estaban totalmente bajo su control y que podía fácilmente vengarse, pero que al mismo tiempo los amaba y nunca podría herirlos. Por el contrario, él verdaderamente los salvaría de la hambruna.

Yosef albergaba algunos resentimientos contra sus hermanos después de haber sido vendido como esclavo y haber sido tratado de forma tan cruel. Al poner a su hermano Binyamin en una situación similar y observar los esfuerzos que hicieron por salvarlo, Yosef pudo perdonarlos de todo corazón. De esta forma, la desavenencia entre ellos se sellaría ¡y el pueblo judío podría sobrevivir a esta prueba tan dura!

Ahora examinemos la parashá desde el principio…

* * *

La Propuesta de Yehuda

Yehuda le dijo a Yosef: “¿Por qué quieres a Binyamin como tu camarero? Yo soy mucho mejor, mayor y más fuerte. Mándame a pelear tus batallas en tu lugar. Además, si Binyamin es un ladrón, ¿por qué querrías a un ladrón dentro de tu casa? ¡Realmente te robaría todo!”.

Pregunta: ¿Acaso no dicta la Torá que a un ladrón se lo castiga con servidumbre? (ver parashá Mishpatim) ¿Por qué querría alguien comprar a un ladrón?

Respuesta: La Torá se refiere a un ladrón que no tiene dinero, que fue vendido como sirviente y que el precio de compra fue para pagar sus deudas, él no es en esencia un ladrón, sino que simplemente tuvo un poco de mala suerte y necesitaba los fondos. Binyamin, por otra parte, tenía mucho dinero para pagar por la copa. Si él robó, esto era un reflejo de su carácter. “Él de verdad es un ladrón”, argumentó Yehuda. “Entonces, ¿por qué dejarlo estar en su palacio? Tómeme a mí en su lugar”.

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“Su Siervo, Mi Padre”

Yehuda se refirió a Yaakov como “su siervo” diez veces – y a pesar de eso Yosef no protestó (obviamente para que ellos no sospecharan su identidad). Los sabios dicen que por esta ofensa, el castigo de Yosef fue morir 10 años antes que sus hermanos mayores.

Yehuda discutió: “Por supuesto que nuestro padre podría entender que si Binyamin robó la copa del virrey, entonces, él merece ser un esclavo. Pero no tendremos la oportunidad de explicarle nada a Yaakov, nuestro padre, porque en el minuto que se dé cuenta que falta Binyamin morirá. Cuando Rajel murió, fue Yosef quien lo consoló. Luego cuando Yosef se fue, Yaakov aún tenía a Binyamin. Ahora sería como si los tres se fueran al mismo tiempo”.

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El Desenmascaramiento de Yosef

Con el fin de no avergonzar a sus hermanos, Yosef le ordenó a todos los egipcios que salieran del cuarto. (Él estaba consciente del peligro que esto implicaba, ya que simplemente podrían haberlo matado). Todos los egipcios estaban escuchando en la puerta cuando Yosef se reveló ante sus hermanos. ¡Los hermanos estaban impactados! Por 22 Iom Kipur consecutivos, al confesar sus pecados, se habían convencido a sí mismos de que ellos tenían una justificación válida para vender a Yosef. Él había estado tratando de eliminarlos con sus tontos sueños y con las historias que le contaba a su padre. Él soñó que gobernaba sobre ellos - ¡esto no era profecía! El dolor que sentía Yaakov era todo por el hecho de tener un hijo loco ¡y todo esto no era culpa de ellos! De eso se habían convencido por 22 años.

Repentinamente un día, bajo el claro cielo azul, se encuentran a sí mismos inclinándose en el piso delante de este Virrey egipcio, cuando él pronuncia siete palabras que destrozan el mundo entero: “¡Yo soy Yosef! ¿Vive aún mi padre?” (“Si ustedes están tan preocupados por su padre ahora, ¿por qué no lo estuvieron cuando me vendieron?”).

Los hermanos se pusieron blancos como fantasmas. “Si tú eres Yosef y nosotros nos estamos inclinando a ti, esto significa que tus sueños eran de hecho profecías y no deseos personales. (Ahora entendemos porqué él vio espigas de trigo y no corderos, porque ellos vinieron a comprar granos). Si es así, tú no estabas tratando de destruirnos y nuestras acciones fueron motivadas por los celos. Eso significa que, ¡todo el dolor que le causamos a nuestro padre fue nuestra culpa! ¡Qué desgracia!”.

Los hermanos no tenían palabras de justificación. Sobre esto los sabios comentan: “Pobres de nosotros en el día del juicio, cuando Dios venga a confrontar a cada uno de nosotros con todos nuestros actos”. Todas nuestras excusas pacientemente planeadas se van a desvanecer en el aire. Ahora podemos darnos cuenta del trabajo de reflexión que debemos hacer antes de ese Gran Día!

El Jafetz Jaim comenta que tal como los hermanos no tenían idea de lo que ocurría, y cuando Yosef dijo: “¡Yo soy Yosef!”, de repente todo cobró sentido, así también nosotros no tenemos idea de cómo Dios dirige Su mundo. Pero cuando venga el Mashiaj y proclame, “¡Yo soy el Mashiaj!”, y Dios proclame, “¡Yo soy Dios”, ¡todo se verá claro como el cristal!

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Misión Cumplida

Yosef había logrado su misión: los hermanos se dieron cuenta de su error y Yosef pudo superar sus malos sentimientos hacia ellos. Los hermanos podían ahora regresar a casa. Yosef les dijo que no se demoraran (por miedo a incriminarse unos a otros), sino que se apuraran para traer a su padre a Egipto.

El retorno de los hermanos planteaba un dilema. ¿Cómo presentarían de forma cuidadosa estas asombrosas noticias a su anciano padre? ¡Este tipo de noticias podrían causarle un ataque cardíaco! Teniendo esto en mente, decidieron que una niña pequeña, Seraj, la hija de Asher, tocara el arpa y le cantara a su abuelo. Le dijeron: “Cuando cantes la próxima vez para tu abuelo, cántale: “Yosef está vivo, Yosef está vivo…””.

Cuando la pequeña Seraj cantó estas palabras y Yaakov comprendió su significado, casi colapsó. Sin embargo, la dulzura de su canto alivianó el impacto y él fue capaz de calmarse. Le dio a Seraj una bendición de longevidad, ¡y ella fue la única que bajó a Egipto con Yaakov y que salió 210 años después con Moshé!

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Las Carrozas de Egipto

Como prueba de que la Casa Real había aceptado su descenso, el Faraón mandó carrozas para que trajeran a la familia de Yaakov y sus posesiones a Egipto. Esto era contra la ley que sólo permitía un burro por persona. Más allá de eso, se prohibía que las carrozas abandonaran Egipto, para prevenir el acopio y el acaparamiento durante los años de hambruna. Cuando Yaakov vio carrozas, se convenció de que Yosef era un gobernante.

Dios se le apareció luego a “Israel” (su nuevo nombre) y le dijo “Yaakov, Yaakov” su viejo nombre (Génesis 46:2).

Pregunta: ¿Por qué cambia su nombre en la mitad del verso?

Respuesta: Incluso después de que el nombre de Yaakov fue cambiado a Israel como resultado de su victoria sobre el ángel de Esav, él mantuvo su nombre original “Yaakov”. “Yaakov” se refiere a un nivel más bajo, mientras que “Israel” denota un nivel superior. Dios le habla a “Israel” y le informa que él es realmente “Yaakov, Yaakov”, el nivel más bajo, dado que está a punto de ser exiliado a Egipto por 210 años de sangre, sudor y lágrimas que caracterizaron la dura esclavitud del Faraón.

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70 Almas a Egipto

La Torá presenta una lista de todos los hijos de Yaakov y da como suma total 70. Rashi, un comentarista clásico, contó los nombres ¡y encontró sólo 69! ¿Cómo puede ser?

La respuesta simple es contar a Yaakov como el número 70.

Otra respuesta se puede encontrar en el versículo en Números (26:59) que se refiere a Yojeved, la madre de Moshé, como “nacida en Egipto”, siendo la inferencia que su concepción y los dolores de parto no fueron precisamente en Egipto. La tradición es que ella nació justo cuando ellos entraban por las puertas de la ciudad. En consecuencia, mientras que 69 personas bajaron literalmente, en realidad 70 almas entraron a Egipto.

Una tercera respuesta se puede ver en el versículo previo (Génesis 46:4), donde Dios promete bajar a Egipto junto con Yaakov y ascender con él en la eventual redención. Aquí, Dios contaría como el número 70.

El Midrash dice que cuando los Babilonios exiliaron a los judíos, ellos los hicieron marchar a los ríos de Babilonia, donde fueron colocados en grandes barcos y llevados al cautiverio. Los Babilonios contaron a cada uno de los que estaba en el bote antes de la salida y al llegar. La capacidad de cada barco era exactamente un número más de lo que ellos habían contado. Los Babilonios desconcertados, le preguntaron a los judíos por la solución. Ellos contestaron que “la Shejiná (Presencia Divina) se fue al exilio con nosotros y está en cada bote”. Así mismo aquí, ¡la Presencia Divina bajó a Egipto con el pueblo judío!

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Yehuda va Primero

Yaakov mandó a su hijo Yehuda primero para que preparara un lugar adecuado para estudiar Torá para la familia. Yaakov sintió que una base espiritual era esencial para que la familia prosperara físicamente.

Yosef preparó su propia carroza para ir a encontrarse con su padre. Ellos se abrazaron y “él cayó sobre su cuello y lloró” (Génesis 46:29). ¿Quién lloró? Los sabios explican que Yosef lloró, porque a Yaakov ya no le quedaban lágrimas después de haber llorado 22 años. Yosef, sin embargo, había estado demasiado preocupado con sus problemas como para pensar en su padre. Ahora el tema lo golpeó con toda la fuerza.

Pregunta: ¿Qué estaba haciendo Yaakov mientras sucedía todo esto?

Respuesta: Los sabios responden que estaba recitando el Shemá.

Pregunta: ¿Qué significa esto? ¿Y por qué Yosef no recitó el Shemá?

Respuesta: Yaakov estaba expresando que todo el amor que él tenía por su hijo, tenía que subordinarlo a Dios.

Yaakov dijo: “Ahora estoy listo para morir” (Génesis 46:30).

¿Por qué Yaakov estaba listo para morir después de ver a su hijo? La respuesta es, porque había cumplido con el propósito de traer 12 tribus de Israel al mundo. Él vio que su hijo Yosef, a pesar de haber estado 22 años en Egipto, tenía sus creencias tan firmes como antes. Imagina al hijo de un gran rabino que es secuestrado por un misionero y que pasa muchos años lejos de su padre. Cuando el padre se encuentra con él con su Kipá intacta, entonces sabe que lo ha criado de una forma apropiada.

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Yaakov y Su Familia Conocen al Faraón

Los egipcios adoraban a las ovejas como “dioses”. Yosef le aconsejó a sus hermanos que dijeran que eran pastores y que sólo sabían sobre ovejas. Esto evitaría que el Faraón los nombrara generales de su ejército. Los egipcios odiaban a los pastores, dado que como expertos en ovejas sabían que estos animales no eran ninguna deidad, sino que por el contrario, hacen todas las cosas que los otros animales hacen.

El cuarto donde el Faraón, rey de Egipto, se sentaba en su trono, tenía un techo bajo, para que todos los que se presentaran delante del Faraón tuvieran que inclinarse ante él. Pero cuando Yosef llevó a su anciano padre frente al Faraón, el techo bajo se expandió y Yaakov no se inclinó. El Faraón recordó haber escuchado que esto había ocurrido muchos años antes, cuando Abraham visitó Egipto. Entonces el Faraón le preguntó a Yaakov su edad, porque repentinamente se le ocurrió, “¡Tal vez es la misma persona!” (Midrash).

Cuando le preguntaron su edad, Yaakov contestó, “Mi peregrinaje ha sido de 130 años, pero pocos y malos han sido los días de mi vida, y no han alcanzado a aquellos de mis predecesores” (Génesis 47:9).

Pregunta: ¿Por qué Yaakov estaba quejándose con el faraón por “haber tenido una mala vida”?

Respuesta: Yaakov estaba asustado del mal de ojo – “¡mira cuán anciano eres!” y trató de minimizarlo diciendo, “sólo he peregrinado por este mundo por 130 años, pero he tenido una vida dura, por lo que me veo mayor”. Yaakov también quería enseñarle al Faraón la lección de que hay mucho más en la vida que nuestro aspecto físico. (ver parashá Vaiejí).

Yaakov bendijo al Faraón con que el Río Nilo saliera a encontrarse con él, lo cual era muy bueno para alguien que afirmaba ser una deidad.

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Yosef Adquiere Egipto

La parashá termina con la continuación de la hambruna. Yosef llenó las arcas de tesoros del Faraón con oro y plata de todo el mundo. Posteriormente esta riqueza abandonó Egipto con el pueblo judío en el Éxodo y fue eventualmente utilizada en la construcción del Tabernáculo (ver parashá Trumá).

Yosef eximió a la casta sacerdotal del pago de impuestos. (Esto sirvió como un precedente para los privilegios especiales de la tribu de Levi).

Yosef compró el ganado y la tierra del pueblo, y transfirió a la población de un lugar a otro. Esto fue hecho con el objetivo de disminuir la vergüenza de los miembros de su propia familia a los que llamaban “extraños”. (“¿Acaso tus padres vinieron a América en el Mayflower? Incluso si lo hicieron, ¡los indios estaban aquí primero!”).

Yaakov finalmente tuvo un poco de descanso al final de su vida.

La próxima semana: el final del libro de Génesis.

Fuente: Aish Latino  

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