jueves, 9 de febrero de 2017

Un terrorista gobierna Venezuela.

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La trama de los pasaportes venezolanos confirma a Irán como la pesadilla de América Latina


Hay un nombre que ha encendido las alertas en muchas cancillerías del mundo, especialmente en el continente americano, en Europa y en el Medio Oriente. Es Tareck El Aissami y es vicepresidente de Venezuela desde comienzos de años, nuevo hombre fuerte de Nicolás Maduro y la figura en la que piensa el chavismo como relevo al frente del régimen bolivariano.
Sucede que Aissami no es simplemente un joven político pujante con ganas de cambiar las cosas en Venezuela. Todo lo contrario, es un hijo de Hugo Chávez en su expresión más dura, que escala para relanzar la posición de su país como gran centro de operaciones antiestadounidenses, antilibertades y antidemocracias en América Latina, en alianza con Irán como su gran valedor a miles de kilómetros de distancia.

Cabe aquí recordar que Aissami está bajo investigación en Estados Unidos por sus supuestos lazos con el narcotráfico y la organización terrorista Hezbollah de patrocinio iraní. Tareck El Aissami es una pieza muy importante en este tablero de intrigas venezolanas, pues desde numerosas fuentes diplomáticas se ve al nuevo vicepresidente como puente entre Caracas y Teherán: se dice que su ascenso viene impuesto desde el régimen de los ayatolás, a cambio de una ayuda a Venezuela que le permita salir del agujero económico en el que está metido el país.

Sirva este preámbulo sobre la figura de Tareck El Aissami para poner al lector en antecedentes sobre los alarmantes resultados de una investigación realizada por CNN en Español que destapa una presunta trama de venta de pasaportes y visados falsificados en la Embajada de Venezuela en Irak, de la que se beneficiarían agentes relacionados con el narcotráfico y el terrorismo islamista (abanderado por Hezbollah, el brazo armado para las operaciones oscuras de Irán en muchas partes del mundo). Conseguían así papeles para circular libremente por el continente americano, y organizar sus células terroristas y sus actividades delictivas. Todo ello con la connivencia del régimen chavista.

Son ya muchas las pruebas acumuladas que señalan a Venezuela, junto con Cuba, como las plataformas de entrada para agentes terroristas al servicio de Irán, que además han encontrado a lo largo de más de dos décadas actitudes colaborativas de ciertos gobiernos para facilitar su infiltración en todos los órdenes políticos, sociales y financieros de Latinoamérica. No hay que olvidar que, por ejemplo, el anterior Gobierno de Argentina, dirigido por Cristina F. de Kirchner, firmó un memorándum con Irán que en la práctica servía para encubrir toda la responsabilidad de este país en los atentados en la Embajada de Israel, en 1992 (22 muertos), y en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994 (85 muertos), ambos en Buenos Aires. Pero es que además los esbirros de Hezbollah han campado a sus anchas en las redes criminales de la triple frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina, han tejido magníficas relaciones con cárteles de la droga en México y Colombia, país este último donde también han trabado contactos con guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Todo un entramado de intereses criminales para obtener financiación y dañar los intereses de quienes defienden los Estados de derecho libres y democráticos. Ecuador, Bolivia o Nicaragua son otros países en los que los iraníes han encontrado las puertas abiertas.

En nombre de la seguridad, en defensa de los intereses de todos los ciudadanos de América Latina y con el objetivo de proteger sus democracias, la opinión pública internacional no debería relajarse ante la amenaza que representa Irán en el mundo. Lo cierto es que ascensos de figuras como la de Tareck El Aissami en Venezuela y revelaciones como la de la investigación periodística dada a conocer esta semana tienen una relación muy estrecha, cuyo significado es claro: Irán quiere doblar su apuesta por la injerencia en nuestra región, y lo seguirá haciendo apoyándose en los terroristas de Hezbollah. Esto es algo que requiere de una reacción contundente por parte de los gobiernos que sí respetan la libertad.

La autora es directora de la agencia Fuente Latina.

Fuente: Infobae  

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