lunes, 1 de mayo de 2017

El estudio de la Torá durante la era mesiánica

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"...la tierra estará llena del conocimiento de Hashem, así como las aguas cubren el lecho marino"
Por Naftali Silberberg


"...la tierra estará llena del conocimiento de Hashem, así como las aguas cubren el lecho marino"—Ieshaiau 11:9.

La era mesiánica será una era de enorme prosperidad: “los manjares serán tan comunes como hoy lo es la suciedad”. Eso dejará a la humanidad con tiempo libre de sobra, y todos los pueblos del mundo tendrán una única ocupación: el estudio de Di-s y de la Torá.

Una de las promesas en relación con la era mesiánica tiene que ver con la Torá que estudiaremos en ese momento: “de mí saldrá una nueva Torá” (Midrash Rabá Vaikrá, basado en Ieshaiau 51:4). De hecho: “La Torá que estudiamos en este mundo no es nada comparada con la Torá del Mashíaj” (Midrash Rabá, Kohelet 11:12).

Esto no significa, Di-s no lo permita, que cambiaremos nuestra Torá actual por una nueva. Uno de los principios de la fe judía es que la Torá y todos sus mandamientos son eternos e inmutables. El judaísmo siempre ha rechazado categóricamente las doctrinas ajenas que sostienen que hay un “nuevo testamento” que reemplaza, o modifica, a la Torá.

Sin embargo, si bien hay una sola Torá, esta Torá tiene varias capas. Cada palabra de la Torá y cada uno de los mandamientos de Di-s puede entenderse en infinitos niveles, lo que es bastante comprensible si se considera que la Torá es la sabiduría de un Di-s infinito. Todas estas capas están presentes en la Torá que fue entregada en el Sinaí, y sólo esperan ser descubiertas. El Mashíaj, que será incluso más grande que Adam y Moshé, revelará una dimensión profunda, completamente nueva de la Torá. Revelará una Torá que hará empalidecer a todos los estudios de Torá realizados hasta el momento, que en comparación “no serán nada”.

La más profunda de las cuatro dimensiones generales de la Torá es sod, las enseñanzas esotéricas de la Torá, también conocidas como la cabalá. El Mashíaj enseñará un nivel hasta ahora oculto de la cabalá.

¿Qué hay de los otros niveles de la Torá, las dimensiones “prácticas” de la Torá, el estudio de todo lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, que comprende la mayor parte de lo que se estudia hoy en día?

Rabí Shneur Zalman de Liadi, al citar el texto cabalístico Raia Mihemna, explica que ya no necesitaremos ocuparnos de esas partes de la Torá durante la era mesiánica. ¿Cómo sabremos entonces las leyes de la Torá?, ¿cómo sabremos lo que debemos hacer y lo que no? Rabí Shneur Zalman sugiere dos posibilidades:

    1. El olvido es consecuencia de la kelipá (fuerzas espirituales que se oponen a la santidad). La kelipá vuelve olvidadizas a las personas, y así hace que pequen: se olvidan de Di-s; se olvidan de su misión en la vida; se olvidan de las consecuencias de sus acciones. En la era mesiánica, con la desaparición de la kelipá, ya no olvidaremos. Estudiaremos una vez las leyes de la Torá y no habrá necesidad de revisar ningún tema. Eso nos dejará el resto del tiempo disponible para la Torá elevada que enseñará el Mashíaj.

    2. Todas las dimensiones de la Torá, desde la más profunda hasta la más simple, son capas de una única sabiduría. Estudiaremos los niveles más profundos y entenderemos de manera automática qué es lo que se desprende que hay que hacer y qué no hay que hacer. A modo de ejemplo: una verdadera comprensión del significado místico de la mitzvá de los tefilín revelará por qué sus cajas deben ser negras, cuadradas, etc.

Ver frente a escuchar

“Entonces será revelada la gloria de Hashem, y toda carne unida la verá, pues la boca de Hashem ha hablado”— Ieshaiau 40:5.

Además de la superioridad de la Torá que se estudiará durante la era mesiánica, nuestra capacidad de integrar esa Torá será muy diferente a la de hoy.

El ser humano puede volverse consciente de una entidad o idea de una de estas dos maneras:

    1. Escuchar; comprender; inferir lógicamente. Un concepto adquirido mediante este método nunca puede ser considerado definitivo, porque el intelecto humano siempre puede equivocarse. Y, lo que quizás es incluso más importante, aun si el concepto nunca se ve refutado, jamás alcanzará un carácter definitivo en la conciencia de quien lo conoce. Así, una persona jamás se subiría a un avión sólo porque alguien le haya explicado los principios de la aerodinámica.

    2. Ver; revelación. La mayoría de los fenómenos que damos por sentados son aquellos que podemos no comprender, pero que hemos visto o sentido. Aceptamos estas ideas como si fueran hechos; constituyen nuestra realidad cotidiana. La mayoría de la gente no entiende por completo la ciencia de la aviación y muchos no saben nada al respecto, pero aun así no tienen problema en subirse a un vuelo intercontinental, porque han visto que funciona. “Ver para creer”.
    También es posible que una entidad que no puede ser vista ni sentida alcance el estatus de una entidad vista. A veces hay datos tan evidentes con efectos tan claros que se vuelven indiscutibles, aunque no se puedan sentir físicamente. Por ejemplo, nadie ha visto nunca la electricidad ni una onda electromagnética, y aun así estamos todos seguros de que existen.

A excepción de los más grandes tzadikim (individuos honrados), nuestro conocimiento actual sobre Di-s se limita al del primer tipo (“escuchar...”). Podemos estudiar sobre él, ser diligentes en el estudio y analizar las sedes de los mundos espirituales que se detallan en las enseñanzas cabalísticas, pero nunca serán tan reales para nuestra percepción como la pantalla que ves ahora mismo. Una cosa es teórica, la otra es real.

El Mashíaj cambiará esta dinámica de manera permanente. Como predijo Ieshaiau: “toda carne unida la verá, pues la boca de Hashem ha hablado”. Veremos el mundo y percibiremos la energía divina que produce su existencia tal como vemos una aspiradora y percibimos que debe de haber una corriente eléctrica que le da energía.

El Mashíaj nos enseñará sobre Di-s y lo “veremos”. Al fin, Di-s será verdaderamente real.

¿Y qué hay de todo lo que hoy percibimos como real? Lo veremos como lo que realmente es: una mera extensión de la realidad definitiva.

Fuente: Jabad

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