domingo, 7 de mayo de 2017

Israel está aún en guerra

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Prof. Efraim Inbar

Tras varias derrotas militares, el país árabe más grande y más fuerte, Egipto, firmó un tratado histórico de paz con Israel en 1979. La deserción de Egipto de la alianza árabe anti-Israel neutralizó en gran medida la opción de un ataque convencional a gran escala contra Israel, mejorando su posición estratégica general.


Sin embargo, El Cairo se abstuvo de desarrollar relaciones normales con el Estado judío. Se desarrolló una “paz fría”, subrayando los intereses estratégicos comunes de ambos países; pero también la renuencia de Egipto a participar en la reconciliación entre los dos pueblos.

Jordania siguió el ejemplo en 1994, emulando en gran medida el precedente egipcio. El tratado de paz de Jordania con Israel también refleja intereses estratégicos comunes, pero es comúnmente referido por los jordanos como la “paz del rey”, indicando una aversión a las interacciones personales con los judíos al oeste del río Jordán.

Las inhibiciones en el mundo árabe contra la aceptación de Israel no deberían ser una sorpresa. Los musulmanes parecen tener buenas razones teológicas para rechazar la existencia de un Estado judío. Además, el sistema educativo de los países árabes ha inculcado mensajes antisemitas y de odio hacia Israel durante décadas. Desafortunadamente, la difusión de imágenes negativas de los judíos e Israel casi no ha cambiado en las escuelas y los medios árabes.

Esta es también la razón de por qué la euforia de los años noventa, provocada por el “proceso de paz” con los palestinos, y propagada por el “campo de la paz”, era injustificada. De hecho, las negociaciones de paz fracasaron miserablemente. El proceso, sin embargo, permitió al movimiento nacional palestino un punto de apoyo en Cisjordania y Gaza. Como una gran parte del mundo árabe está en una profunda crisis sociopolítica y la otra teme a la amenaza iraní, son el movimiento nacional palestino y los islamistas los que continúan la lucha contra los sionistas.

Ellos emplean el terror y pagan a los terroristas capturados por Israel, así como a sus familias. El uso de la fuerza contra los judíos es aplaudido, y los autores asesinados reciben el estatus de mártires. Utilizan misiles contra la población civil de Israel. Los límites de su poder de fuego son el resultado de los esfuerzos de Israel para cortar su suministro de armamentos.

Una soldado del Batallón Caracal Foto: Ejército de Defensa de Israel vía Flickr CC BY-SA 3.0
Una soldado del Batallón Caracal Foto: Ejército de Defensa de Israel vía Flickr CC BY-SA 3.0
El movimiento nacional palestino niega los vínculos históricos de los judíos con la Tierra de Israel, y particularmente con Jerusalén. La Autoridad Palestina (AP) pidió al Reino Unido que se disculpara por la declaración Balfour de 1917, que reconoció el apego judío a la Tierra de Israel. Hay una infinidad de ejemplos en las escuelas y medios palestinos que apoyan la conclusión de que los palestinos no están listos para hacer la paz.

Además, la Autoridad Palestina no puede sellar una “paz fría” como Egipto o Jordania. Esos dos países se comprometieron seriamente a prevenir el terrorismo desde su territorio. En Cisjordania, la AP -establecida por Yitzhak Rabin sobre la premisa de que combatiría el terror a cambio de la transferencia de territorio- se niega a honrar su parte del trato. Alienta al terror subsidiando a los terroristas encarcelados y mediante innumerables medidas destinadas a elogiar a los “mártires” y honrar su “legado”. La élite palestina dominante en Gaza, Hamas, se niega formalmente a renunciar a la lucha armada contra Israel.

El “proceso de Oslo” fue un intento por parte de Israel de empujar al movimiento nacional palestino hacia una postura estatal y, eventualmente, adoptar una lógica estatista similar a la de Egipto y Jordania, que les llevó a una “paz fría” con Israel. Pero las dimensiones religiosas y étnicas del conflicto con Israel han superado cualquier instinto palestino estatista subdesarrollado. Los impulsos etno-religiosos de los palestinos nutren la continuación del conflicto violento.

Hasta el momento, ningún líder palestino que haya adoptado una agenda estatista, dando prioridad a la construcción del Estado sobre las otras aspiraciones palestinas, ha obtenido el apoyo popular. Salam Fayyad, que fue admirado en Occidente por sus intentos de reformar la inflada burocracia de la AP, parecía tender en esta dirección. Pero su nivel de apoyo entre el público palestino nunca superó el 10%.

La sociedad palestina se está volviendo más religiosa y más radical, al igual que otras sociedades árabes. Esta tendencia beneficia a Hamas, que se está volviendo más popular. La ascendencia de Hamas alimenta aún más hostilidad hacia Israel. El impulso para satisfacer la búsqueda de venganza y, en última instancia, para destruir a Israel -que sería una justicia histórica a los ojos de los palestinos- anula cualquier otra consideración.

Es muy improbable que una renovación de las negociaciones que conduzca a retiradas de Israel resulte en un acuerdo duradero y satisfactorio en un futuro próximo. Israel necesita mantener un fuerte ejército durante muchas décadas para hacer frente al desafío palestino. Además, los cambios en los Estados vecinos pueden ser rápidos. Los escenarios inesperados, como el retorno de los Hermanos Musulmanes al timón en Egipto o la caída de la dinastía hachemita, podrían tener lugar, y una amenaza convencional a gran escala podría resurgir. Por último, el espectro nuclear iraní todavía se cierne sobre el Medio Oriente.

Israel debe permanecer vigilante y seguir preparándose para una variedad de escenarios bélicos. El comprensible deseo de paz no debe desdibujar la incómoda probabilidad de que Israel vivirá por su espada durante muchos años por venir.

Fuente: Centro  de Estudios Estratégicos Begin-Sadat BESA

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