lunes, 1 de mayo de 2017

Nuestros soldados

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El idealismo y la fe del ejército de Israel.


por Sara Yoheved Rigler

Durante la Guerra del Líbano, el verano pasado, mientras caminaba por mi barrio en Jerusalem con mi hija me encontré con una amiga cuya hija de 20 años había sido asesinada en un ataque terrorista. Esa mañana las noticias habían reportado a otros cuatro soldados israelíes muertos. Cuando vi a mi amiga me puse pálida. "¡Espero que ninguno de tus hijos esté en Líbano!" exclamé. Su familia, que hizo aliá desde Sudáfrica, ciertamente había pagado un alto precio por el derecho de los judíos a vivir en Israel.

Mi amiga frunció el ceño. "Bueno, Tzvi ya casi ha terminado con el ejército, pero mi segundo hijo está ahora en servicio. El quiso unirse a una unidad de combate. Tú sabes que la ley dice que cuando una familia ha perdido un hijo, los demás hijos no pueden unirse a una unidad de combate a menos que ambos padres firmen una autorización".

"¡Por supuesto que no vas a firmar!", dije impulsivamente.

Ella movió su cabeza. "Realmente no quiero firmar. Pero estos niños están criados bajo el ideal de pelear para defender a Israel. Si no le permito vivir bajo sus ideales, estará resentido conmigo por el resto de su vida".

"¡Deja que se resienta!", le implore, recordando cuán devastada había estado su familia por la terrible perdida.

Ella movió su cabeza con firmeza y las lágrimas aparecieron en sus ojos. "Firmé esta mañana".

Auto Realización Versus Auto Sacrificio

Mucho se ha escrito acerca del "Post Sionismo" – el rechazo de muchos israelíes, especialmente académicos y de la elite, hacia el ideal de crear un estado en la Tierra de Israel. De acuerdo a las últimas estadísticas del año 2006, un 25% de la juventud secular israelí, quienes están calificados para servir en el Ejército de Defensa de Israel, evitan el servicio. La estrella de rock, Aviv Geffen, un icono de la cultura pop israelí durante la ultima década, no solo se negó a cumplir con su deber militar, sino que llamó a otros jóvenes a dejar el país en vez de servir en el ejército.

    Lo que divide a los Post Sionistas de los religiosos israelíes es el valor que asignan a la auto realización versus al auto sacrificio por el colectivo.

Mucho menos se ha escrito sobre aquellos, como el hijo de mi amiga, que ven el servir a la Nación Judía en la Tierra de Israel como su sagrado ideal. Mientras los judíos religiosos constituyen una minoría en la población Israelí, se han convertido en la mayoría en las unidades de combate de elite del Ejército de Defensa de Israel, y una creciente proporción de oficiales provienen de sus filas.

Superficialmente parece que lo que divide a los Post Sionistas de los religiosos Israelíes es la política y la ideología: izquierda versus derecha, universalismo versus nacionalismo. En realidad, la diferencia más vigorosa es el valor que asignan a la auto realización versus el auto sacrificio por el colectivo. El ideal judío de mesirat nefesh significa entregar lo que es valioso para ti. Mesirat nefesh es un continuo que va desde la simple dedicación (como entregar tu tiempo a una causa noble) hasta el total auto sacrificio (como entregar tu vida).

Un brillante ejemplo de lo último es el Mayor Roi Klein. Su pelotón estaba dentro de un edificio en Líbano el verano pasado, cuando un terrorista de Hezbolá lanzó una granada por la ventana. Roi sabía que había solo una forma de salvar a sus hombres. Se lanzó el mismo sobre la granada gritando "Shemá Israel" y dejó que su propio cuerpo absorbiera la fuerza de la explosión, salvando a todos los demás en la sala.

El opuesto de mesirat nefesh es la cultura occidental del "Yo primero" que ha penetrado las discotecas de Tel Aviv, pero no el Ejército de Israel. Durante la guerra del verano pasado, se presentaron a luchar más reservistas que el número que fue llamado. No todos regresaron.

Los Últimos Cinco Segundos

Entre los judíos reservistas muertos en Líbano estaba el Teniente Coronel Emanuel Moreno de 35 años. Emanuel y su unidad fueron enviados al Líbano a detener el flujo de armas para Hezbolá provenientes de Siria e Irán.

Cuando la esposa de Emanuel y sus hijos estaban cumpliendo la shivá por él, un oficial no religioso del Ejército de Defensa de Israel vino y les reprodujo una conversación que él había tenido con Emanuel justo antes de que embarcaran en el helicóptero que los llevó a la zona de guerra.

Los dos oficiales estaban sentados discutiendo los sucesos que podrían ocurrir durante la inminente batalla, y cómo ellos responderían. Dos semanas antes, un misil de Hezbolá había pegado a un helicóptero del Ejército de Defensa de Israel matando a los cinco soldados que iban en él. Así reprodujo el oficial la conversación:

    "¿Qué harías si, Dios no lo quiera, nuestro helicóptero fuera alcanzado por un misil y tuvieras sólo cinco segundos más de vida?"

Emanuel me preguntó, "¿Qué harías si, Dios no lo quiera, nuestro helicóptero fuera alcanzado por un misil y tuvieras sólo cinco segundos más de vida antes de que explote?".

Le respondí, "No lo se. Me imagino que estaría muy triste y asustado. Cerraría mis ojos y esperaría a que todo terminara lo más rápido posible, con el menor dolor posible".

Emanuel pensó por un momento y dijo: "Lo que yo haría, y es lo que tú también deberías hacer, es decir Shemá Israel".

Lo miré y le dije, "OK, decir Shemá Israel, ¿pero qué beneficio te trae eso? De todas formas unos momentos después el helicóptero explotará y todos moriremos".

Luego él respondió con una frase que se ha quedado conmigo hasta ahora, y creo que se quedará conmigo toda la vida: "Si a una persona le quedan cinco segundos de vida y aún cree que hay un propósito para su vida y es guiado por las consecuencias eternas en el Mundo Venidero, eso significa que su vida tiene significado. Pero si a una persona le quedan cinco segundos de vida y no entiende la importancia de esos últimos cinco segundos, al parecer su vida entera no tiene significado, porque no vivimos solamente para satisfacer nuestros deseos físicos o para pasar un buen rato. Por el contrario, esta vida es una etapa en el camino a la próxima".

Como dice el Rabino Noaj Weinberg: "Si no tienes nada por lo que estarías dispuesto a morir, entonces no tienes nada por lo que vivir".

Emisario Divino

En su nuevo libro, Am Israel Jai [Hebreo, publicado por Todah Tzahal], el Mayor (en Reserva) Moshé Kenan relata una historia que nos da un vistazo, detrás del telón, del Ejército Judío en la guerra del verano pasado.

Cerca del final de la guerra, en una batalla particularmente feroz, tres kilómetros adentro del Líbano, cuatro soldados Israelíes fueron muertos y mas de 30 heridos. El Mayor Moshé Kenan era el líder del escuadrón de rescate de paracaidistas que trajo a los muertos, a los heridos y parte de los suministros, de regreso a Israel. Cuando la operación concluyó, se dieron cuenta que habían dejado atrás a un soldado muerto.

Era domingo. Ellos habían sido notificados que se llevaría a cabo un cese de fuego con Hezbolá a las 8 a.m. del lunes. Tenían apenas 18 horas para regresar a la zona de guerra y recuperar a su camarada caído y a la considerable cantidad de armas y municiones que habían quedado. Así lo describe Moshé:

Las opiniones estaban divididas en el pelotón. Algunos oficiales sostenían que no había razón para volver a entrar. Hezbolá estaría esperando a que las fuerzas de rescate regresaran y les dispararían. No valía la pena arriesgar las vidas de otros soldados para rescatar suministros y a un sólo soldado muerto.

Pero la mayoría apoyaba la opinión de que debían regresar, sin importar el costo, para que el cuerpo no fuera capturado y los suministros no cayeran en manos de Hezbolá.

Por la noche, la decisión se tomó: Vamos a entrar de nuevo.

Shlomi, el asistente del comandante del pelotón, estaba escéptico en cuanto a la operación, pero Moshé avanzó con los preparativos. Solicitó y recibió equipo especial de visión nocturna, zapadores entrenados para detectar minas terrestres y un perro de rastreo para encontrar el cuerpo fácil y rápidamente, ya que estarían bajo el fuego de Hezbolá durante toda la misión.

Más tarde esa misma noche, justo antes de partir, Moshé reunió a sus soldados para una reunión informativa. Les explicó la meta de la operación: traer de regreso al soldado muerto para un entierro judío como corresponde. "Sobre la importancia de la operación, no hubo necesidad de hablar," recuerda Moshé. "Podía ver en los ojos de aquellos puros soldados la chispa de fe".

Concluyó la reunión: "Vamos a entrar para traer a nuestro camarada para un entierro judío. Su alma pura y eterna ve y sabe de nuestro mesirat nefesh (auto sacrificio). Nosotros, la Nación de Israel, no le tenemos miedo al Hezbolá. Ellos son exactamente como Amalek, quienes pelearon con los Israelitas después del Éxodo de Egipto...".

Moshé continuó contando como Moisés había guiado al Ejército Israelita a la victoria. Se sentó en la colina en el campo de batalla, y cuando levantó sus manos hacia el cielo, Israel triunfó.

Un escéptico en el pelotón pregunto como las manos de Moisés podían haber determinado el resultado de la batalla. Moshé respondió que Moisés le había señalado a los soldados, "¡Miren hacia arriba, hacia Dios! La batalla física es importante, pero para ganarla uno necesita subyugar el corazón a nuestro Padre en el Cielo. Cuando Israel miró hacia arriba y subyugo sus corazones a Dios, ellos ganaron. Con la ayuda de Dios, nosotros saldremos y ganaremos".

Mientras comenzaban a salir, fueron notificados de que el Hezbolá había sido identificado precisamente en el área a la que ellos iban, y por lo tanto no podían llevar al perro. Un solo ladrido revelaría su ubicación.

En la cerca fronteriza, Moshé bendijo a sus soldados con la bendición Sacerdotal de la Torá.

Yo no soy un Cohen, pero sentía un amor muy fuerte por estos soldados. Realmente sentí como si estuviera bendiciendo a mis hijos en la noche de Shabat.

No pensé en mi familia. En la guerra está prohibido pensar en la familia. Para mí, los soldados eran mis hijos...

Entonces me tomé un minuto para levantar mis ojos hacia el cielo y recé desde el fondo de mi corazón, "Amo del Universo, por favor prueba a todos los soldados del pelotón que nos amas. Gracias".

Tan pronto como dio sus primeros pasos en territorio Libanés, Moshé vio algo cruzar corriendo por su camino. Era un gato pequeño y gris. El gato rondaba por sus botas, a pesar de los intentos de Moshé por espantarlo. Mientras el pelotón marchaba adentrándose en el Líbano, el gato los acompañaba.

Luego de una hora de movimiento, el explorador del pelotón avistó dos figuras sombreadas al este. El pelotón hizo cuerpo a tierra y apuntó sus armas hacia los terroristas. Moshé estaba a punto de abrir fuego cuando el gato saltó a su lado y lo acarició con su cola. Sorprendido, Moshé perdió su concentración. Para cuando la recuperó, momentos después, y se preparó para disparar, las dos figuras en las sombradas fueron identificadas como soldados israelíes.

El gato los acompañó durante los tres kilómetros hasta su destino – la colina donde estaba el cuerpo del soldado estaba en algún lado entre la oscuridad. Había fuego del Hezbolá por toda el área. "Reconocimos el olor a guerra en la colina, y desde lejos vimos los misiles que habíamos dejado en el área, brillando por el rocío y la luz de la luna".

Shlomi, el asistente del comandante del pelotón, envió fuerzas para recuperar los suministros. Luego instó a la unidad de rescate de Moshé a subir rápidamente la colina y encontrar el cuerpo. Justo en ese momento, un misil de Hezbolá cayó en la colina. Firmemente, las fuerzas de Moshé formaron una línea horizontal y, pisando con cuidado, comenzaron a peinar la zona.

En un momento, el soldado de la derecha de la línea dijo, "¡Miren esto!" Pararon y vieron que el gato estaba parado al lado de un casco israelí. Moshé susurró, "Aparentemente, este es el lugar exacto donde cayó". Comenzaron a buscar en el suelo con sus manos, pero todo lo que encontraron fueron granadas y metrallas de la batalla. Entonces Moshé se fijó en el gato.

    "El gato estaba parado sobre el soldado que estábamos buscando"

"Repentinamente, a una distancia de tres metros, vimos al gato intentando arrastrar algo. Avanzamos y vimos al gato parado sobre el soldado que estábamos buscando".

Movieron el cuerpo hacia la parte baja de la colina y partieron hacia el sur. Durante la retirada, Moshé avisó por radio a su unidad: "Hay un pequeño gato con nosotros que nos ayudó a encontrar exactamente lo que estábamos buscando. No lo espanten". Cuando Moshé miró para atrás, el gato había desaparecido.

En el camino de regreso a la frontera, uno de los oficiales se acercó a Moshé y le susurró, "¿Viste? El ejército no pudo ayudarnos con un perro de caza, así que Dios nos envío un gato de caza".

Afortunado es el Ejército de Israel, que su mesirat nefesh trae milagros de Dios.

Fuente: Aish Latino

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