domingo, 11 de junio de 2017

El poder de la Oración de acuerdo a la Torah

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El poder ignorado de la plegaria


Extraído de Expansión del alma, Traducido al Español por Guillermo Beilinson

¿Quién es el hombre que desea vida? ¿Quién se halla realmente preocupado por sí mismo? ¿Quién es aquel que desea ser digno de servir al Santo, bendito sea, a través de la plegaria, que es la fuente esencial de la vida de la persona, tal como está escrito, “Plegaria al Dios de mi vida” (Salmos 42:9)? A través de la plegaria, uno puede también traer fuerza de vida a todos los universos espirituales. Que tal persona preste atención a las enseñanzas recopiladas en este libro, las que hablan de la importancia de la plegaria y de la meditación, en especial con respecto a “derramar nuestra alma y corazón como agua delante de la presencia de Dios.” Aquí aprenderá cómo pedir al Santo, bendito sea, por todo aquello que necesita, tanto material como espiritual. Pues esta es la única manera en que uno puede recibir ayuda Divina en todo momento.

Éste santo camino es muy antiguo y ha sido recorrido por nuestros patriarcas, profetas y sabios. Afirma la Torá que antes de la creación de Adán, “ningún arbusto del campo se hallaba aún en la tierra y ninguna hierba del campo había brotado todavía, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra y no había hombre para labrar el suelo” (Génesis 2:5). Esto corresponde al sexto día de la creación y Rashi anota que esto parece contradecir el versículo que dice que en el tercer día, “la tierra produjo plantas” (Génesis 1:12). Rashi explica que las plantas sólo llegaron hasta la superficie de la tierra y que allí se detuvieron hasta que Adán oró por la lluvia. Fue entonces que la lluvia cayó y todas las plantas y árboles comenzaron a crecer desde la tierra.

Se ha enseñado también que cuando Noé dejó el arca y vio la tremenda destrucción que lo rodeaba, comenzó a gemir y clamar, “¡Señor del Universo! ¡Deberías haber tenido misericordia de Tus criaturas!” El Santo, bendito sea, le respondió, “¡Tonto pastor! ¡Ahora te estás quejando! Antes te dije, ´he visto que tú eres recto en esta generación´ (Génesis 7:1). Y te advertí, ´voy a traer un diluvio que eliminará toda vida de la tierra´ (Génesis 6:17). Y te lo dije para que tú orases por el mundo. ¡Ahora que el mundo está destruido, tú abres la boca delante de Mí con plegarias y súplicas!” Cuando Noé comprendió su error, ofreció un sacrificio y oró al Santo, bendito sea, por el futuro. La “agradable fragancia” (Génesis 82.21) que el Santo, bendito sea, aspiró fue la fragancia de las plegarias de Noé. También encontramos muchos ejemplos en las plegarias de Abraham. Cuando el Santo, bendito sea, le dijo a Abraham, “el clamor de Sodoma, y Gomorra es muy grande” (Génesis 18:20) y amenazó con destruir las ciudades, Abraham inmediatamente “se acercó” (Génesis 182.23) y comenzó a orar y a rogarle al Santo, bendito sea, para que liberara a esas ciudades en el caso de que cincuenta o finalmente incluso que diez hombres rectos pudieran ser hallados dentro de sus límites.

También comentan nuestros sabios sobre el versículo, “Abraham se levantó temprano en la mañana y fue al lugar donde había estado delante de Dios” (Génesis 192.27). Enseñan que esto alude al hecho de que Abraham instituyó la plegaria de la mañana. También encontramos que el Santo, bendito sea, le dijo a Abimelej, “Devuélvele la esposa a este hombre, pues él es un profeta fiel y va a orar por ti” (Génesis 20:7). La Torá relata entonces, “Abraham oró a Dios y Dios curó a Abimelej” (Génesis 20:17). Enseña el Midrash que cuando Abraham ofreció esta plegaria, el nudo fue desatado.

Cuando Eliezer, el siervo de Abraham, salió a buscar una esposa para Itzjak, expresó sus pensamientos ante el Santo, bendito sea, en una plegaria y dijo, “Dios, Señor de mi amo Abraham, haz que hoy pueda tener éxito y haz bien a mi amo Abraham” (Génesis 24:12). Afirma el Midrash que dijo, “¡Señor del Universo! Lo que queremos es completar lo que Abraham logró con su plegaria cuando le otorgaste a Itzjak. Ahora completa el acto de bondad y otórgale una esposa para su hijo.” Dice la Torá respecto a Itzjak, “Itzjak salió a meditar en el campo hacia el atardecer” (Génesis 24:63). Enseña el Talmud que esto alude al hecho de que Itzjak instituyó la plegaria diaria de la tarde. Afirma el Midrash que Itzjak se encontraba totalmente inmerso en la plegaria y que Rebeca dijo, “Este es un gran hombre” de modo que preguntó, “¿Quién es este hombre que anda en el campo y viene a nuestro encuentro?” (Génesis 24:65).

Dice la Torá que más tarde, cuando Itzjak se casó con Rebeca y encontró que ella era estéril, “Itzjak oró por su esposa” (Génesis 25:21). Afirma el Midrash que de acuerdo a una opinión, él ofreció riquezas como plegaria, mientras que otros dicen que oró tanto que fue capaz de cambiar el decreto con su plegaria. Dice la Torá respecto de Iaacov, “E hizo noche en ese lugar” (Génesis 28:11). Afirma el Talmud que de aquí aprendemos que Iaacov instituyó la plegaria de la noche. Iaacov también elevó una plegaria al Santo, bendito sea, y dijo, “Si estuviese Dios conmigo y me guardaré en este camino en que ando y me diere pan para comer y ropa para vestir…” (Génesis 28:20). Afirma el Midrash que el Santo, bendito sea, tomó la meditación de los patriarcas y la transformó en la clave para la redención de sus descendientes.

Enseña también el Midrash que durante los veinte años que Iaacov estuvo con Labán, no durmió durante las noches, sino que recitaba las cincuenta “Canciones de los Ascensos” en los Salmos (120-134). Iaacov pasaba noches enteras meditando y orando al Santo, bendito sea. Al volver a la Tierra Santa, Iaacov envió emisarios para calmar a Esaú. Sin embargo, su arma más importante era la plegaria y dijo, “Oh Dios… Líbrame, te ruego, de manos de mi hermano, de manos de Esaú” (Génesis 32:12). También encontramos que todas las Matriarcas se dedicaban constantemente a la plegaria. Dice el Midrash que el Santo, bendito sea, hizo que las Matriarcas fueran estériles porque Él deseaba las plegarias de los justos. Dice el Midrash que cuando Sara fue llevada al palacio de Abimelej, ella pasó toda la noche postrada sobre su rostro diciendo, “Señor del Universo…”

Dice la Torá que cuando Itzjak oraba por Rebeca, lo hacía “frente a su esposa” (Génesis 25:21). Afirma el Midrash que Itzjak oraba en un rincón y que Rebeca oraba en el otro. Vemos en la Torá que Raquel dijo, “Dios me ha juzgado y ha escuchado mi plegaria” (Génesis 30:6). Y que dijo entonces, “Con grandes luchas he luchado con mi hermana y he prevalecido” (Génesis 30:8). Rashi explica que Raquel elevó plegarias que eran preciosas a los ojos del Santo, bendito sea. Dice la Torá que cuando Raquel dio a luz, “Dios escuchó [la plegaria] de Raquel y Él abrió su matriz” (Génesis 30:22). Más tarde la escritura habla de “Raquel llorando por sus hijos” (Jeremías 31:15).

Dice la Torá al describir a Lea, “Los ojos de Lea eran débiles” (Génesis 29:17). Enseña el Talmud que sus ojos eran débiles por todo lo que ella había llorado y clamado para no llegar a ser la esposa de Esaú. También los hijos de Iaacov se volcaron a la plegaria. Así, cuando Iaacov envió a Benjamín con sus hermanos a Egipto (Génesis 43:13), les dijo “Aquí está el dinero, aquí están los regalos y aquí está vuestro hermano.” “¡Pero son tus plegarias lo que necesitamos!” Respondieron sus hijos. “Entonces esta es mi plegaria,” dijo Iaacov. “Que el Dios Todopoderoso os conceda misericordia delante del hombre (Génesis 43:14). Pueda Él que en un futuro dirá ´suficiente´ a todo sufrimiento, decir ahora ´suficiente´ a mi sufrimiento.” También Iosef oraba cuando estuvo prisionero en Egipto (Génesis 39:20). Así decimos en la oración, “Que Aquél que respondió a Iosef en la prisión nos responda también a nosotros.” Cuando Iosef tomó a Benjamín, la Torá dice, “Y Iehudá se acercó” (Génesis 44:18). Comenta el Midrash que Iehudá se acercó al Santo, bendito sea, en plegaria. La Torá nos dice que cuando nuestros ancestros estaban en Egipto, “El pueblo de Israel gemía debido a su trabajo y clamaba; y su clamor llegó hasta Dios” (Éxodo 2:23). De manera similar está escrito respecto al Mar Rojo, “Israel aclamó a Dios” (Éxodo 14:10).

Afirma el Midrash, comentando sobre el versículo, “Mi paloma en los acantilados de roca, …déjame escuchar tu voz” (Cantar de los Cantares 2:14), que el Santo, bendito sea, está hablándole a Israel, diciendo: “Déjame escuchar la misma voz con la cual clamaste a Mí en Egipto.” De aquí vemos que el Santo, bendito sea, desea la plegaria del judío. Todo a lo largo de la Torá y de las palabras de nuestro Sabios encontramos que Moisés estaba constantemente dedicado a la plegaria y a las súplicas, tanto para sí mismo como para Israel. Cuando Israel transgredió con el Becerro de Oro, “Moisés oró a Dios” (Éxodo 32:11). Más tarde Moisés describió su plegaria, “Me incliné en plegaria delante de Dios por cuarenta días y cuarenta noches…” (Deuteronomio 9:18). Afirma el Midrash que el Santo, bendito sea, le enseñó a Moisés como orar. En Mará el Santo, bendito sea, le enseñó a Moisés que dijera, “Haz que lo amargo se vuelva dulce.”

Más tarde, cuando los Judíos pecaron con el Becerro de Oro, Moisés le dijo a Dios, “Tal como Tú me dijiste en Mará que orase para que volvieras lo amargo en dulce, toma ahora la amargura de los pecados de Israel y hazla dulce otra vez.” Cuando Moisés pidió al Santo, bendito sea, que perdonase el pecado del Becerro de Oro, oró hasta agotar todas sus fuerzas. Estaba dispuesto a perder este mundo y el próximo en aras de su pueblo, tal como dijo, “Si [Tú no los perdonas] bórrame” (Éxodo 32:32). Cuando los Judíos pecaron al escuchar a los espías, Moisés oró por ellos (Números 14:13). Cuando el pueblo murmuró contra el Santo, bendito sea, Moisés oró por ellos (Números 11:2).

Cuando Miriam fue golpeada por la lepra, Moisés clamó, “Oh Dios, ¡cúrala por favor!” (Números 21:13). Cuando fue decretado que Moisés no entraría en la tierra prometida, Moisés describió su respuesta: “Yo supliqué (Ve-Et-Janan) delante de Dios” (Deuteronomio 3:23). Dice el Midrash que Moisés ofreció 515 plegarias, el valor de Ve-Et-Janan. Concluye el Midrash que si Moisés hubiera ofrecido una plegaria más, hubiera sido aceptado. También habla el Midrash sobre las muchas plegarias que Moisés elevó el día de su muerte. Antes de enviar a Ioshúa como espía, Moisés oró, “Pueda Dios protegerte del consejo de los otros espías.” Cuando Caleb vio que Moisés no oraba por él, decidió ir hasta la tumba de los Patriarcas y allí orar para no ser tentado de seguir a los otros espías. Afirma la Torá, que luego de la rebelión de Koraj, “Aarón tomó el incensario” (Números 17:12). Fue en ese momento que Aarón elevó plegarias al Santo, bendito sea, para que perdonase a los Judíos. De modo que decimos, “Pueda Aquél que respondió a Aarón con el incensario, respondernos también a nosotros.” De manera similar, cuando Pinjas se puso de pie delante de la congregación (Números 25:7), él oró tal como está escrito, “Pinjas se puso de pie y oró” (Salmos 106:30).

Cuando los Judíos fueron derrotados en Ai, “Ioshúa rasgó sus vestimentas y cayó sobre su rostro a tierra delante del arca… Y dijo, ´Oh Señor Dios…´ ” (Ioshúa 7:6,7). En los días de los Jueces, cada vez que los Judíos pecaban, el Santo, bendito sea, montaba en cólera con ellos y los ponía en manos de sus enemigos. La respuesta de Israel era clamar al Santo, bendito sea, hasta que Él tuviera misericordia de ellos y levantara un Juez para librarlos. Esto fue lo que sucedió con cada uno de los Jueces. Cuando los Filisteos quitaron los ojos de Sansón y lo encadenaron, Sansón clamó al Santo, bendito sea, “Oh Dios, Señor, recuérdame te lo ruego. ¡Dame fuerzas una vez más!” (Jueces 16:28).

Cuando Ana comprendió que el Santo, bendito sea, había sellado su vientre, ella lloró y oró delante del Santo, bendito sea, (Samuel I, 1:12). Afirma el Talmud que de ahí aprendemos que todo aquel que ora mucho es respondido por el Santo, bendito sea. Se enseña también que cada vez que un justo ora es respondido. Ana dijo, “Yo he derramado mi alma delante de Dios” (Samuel I, 1:15). Más tarde ella dijo de Samuel, “Este es el niño por el cual yo oré” (Samuel I, 1:27). Dice la Escritura, “Ana oró y dijo…” (Samuel I, 2:1), sobre lo cual comenta el Midrash, “Ella comenzó a orar y a confesar.” Más tarde, cuando los Filisteos derrotaban a Israel, Samuel dijo, “Que todo Israel se congregue en Mitzpá y yo voy a orar a Dios por ustedes” (Samuel I, 7:5). Dice la Escritura, “Ellos fueron a Mitzpá y tomaron agua, derramándola delante de Dios” (Samuel I, 7:6). Los comentarios notan que ellos derramaron su corazón como agua delante del Santo, bendito sea. Dice entonces, “Samuel clamó a Dios por Israel y Dios le respondió” (Samuel I, 7:9).

También los profetas se dedicaban constantemente a la plegaria. Así dijo Elías, “Vive el Señor, Dios de Israel, delante de Quien yo sirvo” (Reyes I, 17:1). Dicen los comentaristas que lo que él estaba diciendo era que estaba acostumbrado a estar de pie orando delante del Santo, bendito sea. Cuando falleció el hijo de la mujer de Tzarafat, Elías clamó al Santo, bendito sea, y dijo, “Dios, mi Señor, que el alma de este niño vuelva a él,” y la escritura relata que “Dios escuchó la plegaria de Elías” (Reyes I, 17:21,22). De manera similar, cuando Elías juntó a todo Israel y a los profetas de Baal en el monte Carmel, para revelar que hay un Dios en Israel, Elías se acercó al Santo, bendito sea, y dijo, “Dios, Señor de Abraham, Itzjak e Israel, que hoy sea conocido que Tú eres Dios en Israel… ¡Respóndeme, Dios, respóndeme!” (Reyes I, 19:36,37). Aunque Elishá realizó muchos milagros, el Talmud afirma que, “sea lo que fuera lo que Elishá lograra, todo lo hizo a través de la plegaria.”

Cuando Jonás fue tragado por el pez, la Escritura dice que “Jonás oró desde el vientre del pez” (Jonás 2:2). También dice la escritura, “Plegaria de Habakuk” (Habakuk 3:1). Esta escrito, “[Dios] escucha la plegaria de los justos” (Proverbios 15.29). Comenta el Midrash que esto se refiere a las plegarias de los profetas de Israel. Está escrito, “Si ellos son profetas… Que oren entonces al Señor de los Ejércitos” (Jeremías 27:18). El rey David pasó toda su vida dedicado a la plegaria, a la súplica y a la búsqueda del Santo, bendito sea, expresando sus pensamientos delante de Él. De esta forma llegó a ser digno de componer el Libro de los Salmos. Se enseña que el versículo, “[Noé] envió al cuervo” (Génesis 8:7) se refiere a David, quien clamó al Santo, bendito sea, como un cuervo. David solía ir a las montañas como un cuervo, a meditar, tal cual está escrito, “David ascendió al Monte de los Olivos y clamó y lloró al subir, con su cabeza cubierta” (Samuel II, 15:30).

También el rey Salomón oró al Santo, bendito sea, luego de construir el Santo Templo, tal cual está escrito, “Salomón estuvo allí delante del altar de Dios, en presencia de toda la comunidad de Israel y extendió (en plegaria) sus manos al cielo” (Reyes I, 8:22). Está registrado que cuando el rey Hizquiahu enfermó, “él volvió su rostro hacia la pared y oró a Dios” (Isaías 38:2). Su plegaria se encuentra allí descrita en su totalidad. Cuando se le pidió a Daniel que interpretase el sueño del rey Nabucodonosor, se dice que “Daniel fue hasta su casa e informó a Jananías, Mishael y Azaria, sus tres compañeros, para que ellos orasen a Dios en el cielo, respecto a este secreto” (Daniel 2:17,18). Más tarde, Darío decretó en una ley “que todo aquel que hiciera algún pedido a algún dios o a algún hombre, durante los próximos treinta días… Sería arrojado en el foso de los leones” (Daniel 6:8).

La respuesta de Daniel está registrada: “Daniel sabía que el decreto estaba sellado, pero fue a su casa y con las ventanas del piso superior abiertas hacia Jerusalem, se arrodilló trece veces al día y oró y agradeció delante de su Dios, tal cual siempre lo había hecho” (Daniel 6:11). Cuando Daniel fue arrojado al foso de los leones, oró con gran intensidad. Decimos entonces, “Que Aquél que respondió a Daniel en el foso de los leones, también nos responda a nosotros.” Daniel clamó también al Santo, bendito sea, respecto a la destrucción de Jerusalem, tal cual está registrado, “Yo puse mi rostro hacia Dios, buscando con la plegaria, con súplicas, con ayuno, con saco y cenizas. Yo oré a Dios mi Señor y confesé, diciendo, ´Oh Señor, el grande y tremendo Dios… Vuelve Tu oído, mi Dios y escucha…´ Y así hablé en plegaria…” (Daniel 9:3 y sig.).

Jananías, Mishael y Azaria sólo fueron liberados del horno ardiente debido a las plegarias que elevaron al Santo, bendito sea, tal cual está expresado en el Zohar. Decimos entonces, “Que Aquél que respondió a Jananías, Mishael y Azaria en el horno ardiente, también nos responda a nosotros.” Ezra registra de manera similar, “Yo proclamé un ayuno allí en el Río Ahavá, para afligirnos delante de nuestro Dios, a fin de solicitar de Él el camino recto para nosotros… Ayunamos pues y rogamos a nuestro Dios acerca de esto. Y Él nos fue propicio” (Ezra 8:21,23). Cuando Ezra descubrió que los Judíos se habían casado con mujeres gentiles, clamó amargamente y dijo, “Me avergüenzo y confuso estoy para levantar, Oh Dios mío, mi rostro hacia Ti…” (Ezra 9:6). Ver allí toda su plegaria.

También Mordejai y Esther oraron al Santo, bendito sea, cuando en Shushan se emitió un decreto en contra de los Judíos. Tal cual vemos en el libro de Esther. Poco después, la Gran Asamblea ordenó todas las plegaria formales que la persona debe elevar al Santo, bendito sea, todos los días de su vida. Todos los sabios del período Talmúdico se abocaban a la plegaria personal de un modo constante. Así el Talmud registra las plegarias que muchos de los sabios recitaban luego de la Amidá formal. También compusieron plegarias para ocasiones especiales, tal como la plegaria del viajero (tefilat ha-derej). También ordenaron que antes que la persona midiese su cosecha de grano, debería decir, “Sea Tu Voluntad, Oh Dios, mi Señor, que envíes Tu bendición a esta pila de granos.” De modo similar, antes de entrar a una ciudad, uno debe decir, “Sea Tu voluntad que Tú me hagas entrar a esta ciudad en paz.” Luego de componer estas plegarias, ellos dijeron finalmente, “¡Si la persona pudiese pasar su día en oración!”

En épocas posteriores, muchos hombres santos compusieron plegarias y poemas (piutim). Así, el Ari y sus discípulos compusieron un gran número de plegarias, como aquellas que se encuentran en el Shaarei Tzion. También el Baal Shem Tov se dedicó constantemente a la meditación y reveló la importancia de la plegaria, tal cual encontramos en las obras basadas en sus enseñanzas. Escribe el Rabí Tzví de Zidijov: El mejor momento para meditar es luego de la medianoche. Uno debe levantarse y orar por su alma, la cual debido a sus pecados, se halla lejos de la Fuente de Vida. Debe en ese momento, rever todo lo pasado y expresar su corazón en palabras, como un esclavo postrado delante de su amo. Debe expresar sus plegarias como un niño delante de su padre. El idioma debe ser aquel que usa comúnmente, de modo que sus palabras puedan ser fluidas y sea capaz de expresar el dolor en su corazón por todos los pecados que ha cometido, pidiendo perdón y expiación. Enseña el Zohar, “Desde la destrucción del Santo Templo, lo único que nos ha quedado es la plegaria.” Uno debe pedir al Santo, bendito sea, que le ayude a servirLo y a temerLo con un corazón perfecto. Uno debe orar de esta manera, pues esto es más precioso para el Santo, bendito sea, que cualquier ayuno.

Continúa entonces citando un manuscrito del Beit Midot atribuido al Ari, que afirma, “Uno debe meditar, recluyéndose con el Santo, bendito sea. Debe hablar al Santo, bendito sea, con temor, como un esclavo le habla a su amo o un niño a su padre.” Y esta es la senda que continuaron todos los discípulos del Baal Shem Tov. Finalmente, el Rabí Najmán de Breslov, bisnieto del Baal Shem Tov, renovó este antiguo sendero de nuestros ancestros y se dedicó especialmente a la plegaria, a la súplica y la meditación, en los campos y bosques. Fue él quien nos iluminó y nos enseñó la manera apropiada para seguir este sendero. Él le dijo a sus seguidores, “Denme sus corazones y yo los voy a llevar por un nuevo sendero, que en realidad es un antiguo sendero sobre el cual siempre anduvieron nuestros padres.”

Fuente: Torah.org

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