viernes, 9 de junio de 2017

Judíos acompañaron a Hernán Cortés

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I.-La Deportación, expulsión forzada de un Pueblo, a la luz del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, es genocidio, uno de los máximos delitos en contra de la humanidad. Existe un Fiscal Internacional que se encarga de presentar el caso ante el Tribunal Penal Internacional.



Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, merecen ser calificados como los reyes genocidas.


El judío Tomás de Torquemada, se convirtió al catolicismo, fue sacerdote dominico, confesor de la joven Isabel y le imprimió el odio hacia los judíos. Ejerció gran influencia en la voluntad de la Reina.



El anciano judío, Don Isaac Abravanel, Secretario del Rey Fernando -hijo de madre judía- acudió ante la Reina y le rogó llorando, que no firmara el decreto de expulsión de los judíos de España, en donde habían vivido desde la época de Nabucodonosor. Torquemada, escondido, observó que la reina se había conmovido ante la súplica del anciano Abravanel y rápidamente le mostró un crucifijo y le dijo:” ¿Qué quieres más, la vida de un pueblo o a este crucifijo?”…..La reina sorprendida contestó: ¡Al crucifijo!…..con sonrisa de satisfacción, en enero de 1492, Torquemada exigió que de inmediato se firmara el decreto de expulsión y la reina firmó y la tenebrosa inquisición comenzó a perseguir y quemar a los judíos, que aparentaban ser cristianos pero seguían fieles a la Ley de Moisés, desarrollándose la tragedia de dos millones de judíos, que tuvieron que huir cruzando los Pirineos, o embarcarse hacia Marruecos, o trasladarse a Turquía o respaldar al navegante Cristóbal Colón y escapar hacia el Nuevo Mundo, iniciándose el tráfico de judíos que obsequiaban una casa a cambio de un burro o a cambio de un viaje marítimo hacia las tierras recién descubiertas.



II.- En la Isla Española (hoy República Dominicana), Colón dejó establecida una colonia a cargo del judío Luis de Torres (hablaba hebreo y arameo), pero como los colonos abusaron de la población indígena, hubo reacción de los aborígenes y mataron a todos los europeos.



Posteriormente, el rey envió a doscientas familias españolas a poblar, con instrucciones de formar cuatro villas, pero en ellas no deberían “morar ni vivir persona alguna de las que de Castilla se desterrasen…ni que hubiese judíos, ni moros, ni reconciliados…”



A pesar de ello los judíos llegaron a las Islas del Caribe. Se formó un puente que partía de España y Portugal hacia las Islas Canarias- Islas del Caribe-el Continente. Las naves indígenas eran más grandes que los barcos españoles y en ellas viajaron los judíos hacia diferentes islas y a lugares imprevistos como Brasil, en donde establecieron un gobierno propio.



En 26 de noviembre de 1506, el obispo de Puerto Rico, denunció, que los barcos portugueses traían “sobre todo judíos”. El obispo de Cuba denunció en 1510, que los barcos que venían de España traían judíos, nuevos cristianos y heréticos.



Por disposición del Papa, el Emperador Carlos V decretó el 15 de septiembre de 1522, que se prohibiese pasar a las Indias a judíos recién convertidos (nuevos cristianos)…..



La inquisición inició sus actividades en Puerto Rico y comenzó a perseguir a los judíos residentes en las Islas del Caribe.



Esto aterrorizó a los judíos, los cuales huían de una isla a otra.



Se supo en 1519 que el Gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, estaba formando una flota que saldría hacia México. Esto fue una esperanza para los que huían.



Al mando de la flota fue designado Hernán Cortés y ante él se dieron de alta exitosamente diversos judíos como el carpintero y herrero, Hernán Alonso Herrero, Santiago de Carbajal, Alonso de Ávila y otros.



La flota llegó a las Islas cercanas a Yucatán, en donde los españoles construyeron un altar y el carpintero Hernando Alonso construyó una cruz. De este modo, un judío fue el primer constructor de un crucifijo en México. Gran sorpresa recibieron los invasores, cuando descubrieron a españoles viviendo entre los mayas, que combatieron en contra de las tropas de Hernán Cortés en defensa del Pueblo Originario. Las corrientes marítimas habían impulsado naves española hacia las costas del Golfo de México y ya no pudieron retornar, asimilándose, hablaban maya y tenían esposa aborigen.



Así fue que, mediante Tlacuilos (dibujantes), llegaron informes a la Gran Confederación de Anáhuac, en México Tenochtitlan, acerca de la existencia de hombres blancos y barbados. Los españoles después inventaron la fábula de que los dioses indígenas anunciaron a los aborígenes la llegada de hombres blancos y barbados que vendrían a conquistarlos. Para los indígenas las barbas rubias representaban los rayos solares y la blancura el núcleo del sol, por ello Quetzalcóatl fue blanco y barbado. El colonialismo cultural ha hecho que se siga repitiendo en los libros de historia las mentiras sobre los conquistadores: hombres blancos y barbados.



Siglos después, en Campeche, se descubrió una escultura: la cabeza de un maya portando un arete con la Estrella de David y emergiendo de olas de agua. Esta escultura se encuentra en la Sala Maya del Museo de Antropología de la Ciudad de México.



La mentira presidió los actos del invasor. Antes de combatir a los indígenas, la iglesia impuso el deber de leer el Requerimiento, cuya lectura dura más de 10 minutos. Su resumen dice: “Yo te requiero a que abandones la idolatría, la antropofagia y la homosexualidad y aceptes a nuestro señor Jesucristo. Si no aceptas debo quemar tu casa, matarte a ti, a tu esposa y a tus hijos”.



Este requerimiento se aplicó en todas las guerras de conquista habidas en el Siglo XVI. Por ello los negros africanos fueron señalados como antropófagos y los indios como antropófagos que comían corazones humanos y además practicantes de la idolatría.



El Papa tenía que justificar las guerras de conquista como actos de cristianización. En 1959, en el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas, el Embajador Soviético, puso de relieve el asesinato de 52 millones de indígenas en América.



Era una farsa la lectura del Requerimiento, porque los indígenas no hablaban español y no habrían podido entender las exigencias de tal documento.



III.- Los españoles llegaron a Chalchihuécan (lugar del jade), en donde se estableció la Villa Rica de la Vera Cruz. Los aztecas los recibieron en paz. Les dieron de comer abundante pescado, guajolote, gallina y frutas. Algunos se enfermaron quejándose de agudos dolores abdominales. Llegaron los médicos, abrieron papayas y las dieron a comer a los enfermos y los dolores se calmaron. En 1944 se supo que el jugo de papaya (papaína) tiene efectos digestivos similares a los jugos gástricos.



Llegó al campamento español el Embajador Cuitlalpítoc, a quien Cortés informó, que era Embajador del muy poderoso Emperador Don Carlos V, quien lo había enviado para entrevistarse con Moctezuma.



El Supremo Tlatocan (Lugar en el que hablan los que saben o Supremo Consejo Parlamentario) se reunió y se enteró de la solicitud de audiencia del embajador Hernán Cortés. Cuitláhuac -Serpiente Celeste- en nombre de Ixtapalapa dijo a Moctezuma: “Mi parecer es que no recibas en tu casa a quien después te echará de ella. Cacama dijo: “Es tradición nuestra, recibir en paz a los embajadores, que si vienen con engaño, para eso tienes a tu ejército”. Esta última opinión prevaleció entre los 30 Miembros y se ordenó recibir al embajador Cortés.



Para impresionar a Carlos V, Cortés inventó batallas en contra de miles de soldados indios a los que derrotó. La historiadora Eulalia Guzmán y el historiador Ignacio Romerovargas Iturbide, descubrieron la verdad sobre estas fantásticas batallas.



En todo el Continente los aborígenes se gobernaron mediante consejos. El absolutismo no existió. Cuando había abusos de poder, el Supremo Tlatocan otorgaba amparo a los afectados. El Juicio de Amparo es originario de los indígenas y hoy día está inscrito en el Artículo 8 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.



Mientras que en la Villa Rica de la Vera Cruz, en 1519, Cortés decidió traicionar al Gobernador de Cuba y no obedecer sus instrucciones. Para evitar que los soldados retornaran a Cuba, ordenó hundir los barcos.



Pero los judíos pidieron salvar de las naves todo lo que fuese útil para el futuro. El carpintero y herrero Hernán Alonso dirigió las maniobras para salvar las anclas, velas, timones, cañones, martillos y otros instrumentos.



Meses después, con esos instrumentos, Hernando Alonso Herrero dirigió la construcción en Tlaxcala, de pequeños barcos artillados denominados bergantines, con los que fue sitiada la ciudad lacustre de México- Tenochtitlan.



Pero con Hernán Cortés había sacerdotes dominicos, que eran inquisidores, y el peligro perseguía a los judíos y muy pronto al ser descubiertos fueron quemados vivos.



Fuente: Enlace Judío   


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