sábado, 1 de julio de 2017

Yo quiero formar parte del pueblo judío

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A diferencia de la mayoría de los darfurianos que quieren regresar a Sudán cuando las condiciones mejoren, yo quiero formar parte del pueblo judío y estoy en proceso de convertirme al judaísmo.



Mis compañeros de Darfur no entienden qué me llevó al pueblo judío y a la conversión al judaísmo. Los israelíes preguntan a mis amigos en el trabajo, en los bares, en las cafeterías y en el cine por qué. La mayoría no me preguntan a mí por qué. Así que, aquí está mi historia.

Aunque nací en Darfur, a diferencia de la mayoría de mis amigos de Darfur, mi éxodo desde Sudán comenzó cuando tenía sólo 3 años, cuando los terroristas asesinaron a mis padres. Sobrevivimos porque un grupo de otros darfurianos que huían de la zona de guerra logró llevarme a mí y a mi hermano pequeño a Libia. Cómo, no lo sé.

En Darfur no tuvimos la misma oportunidad que la mayoría de los niños criados en sociedades democráticas que crecen en seguridad y van a la escuela con plumas, lápices, libros e incluso caramelos y un sándwich en la bolsa de la escuela.

Mi viaje a Eretz Israel duró 14 años desde que salí de Darfur. No sabía que mi viaje iba a llevarme a este país encantador. Pero a menudo soñaba que iba a algún destino lejano.

Estuve en Libia hasta los 12 años. Mi hermano y yo, así como muchos otros desplazados de Darfur, enfrentamos muchos desafíos por parte de las autoridades y el pueblo libios. No se nos permitió hablar o viajar libremente. Los niños de Darfur no fueron a la escuela. Los libios eran muy agresivos hacia nosotros porque teníamos valores y cultura diferentes. En Benghazi, la gente nos humillaba a menudo debido a nuestro color de piel. A pesar de todas estas dificultades, mi hermano y yo todavía sonreíamos cuando jugábamos con otros niños y apreciamos los actos amables de otros, como cuando la gente nos daba dulces, pasteles y otras golosinas.

Un día de verano, un hombre blanco nos llevó a ambos a un centro comercial. Hacía tanto calor que no podía ver bien. La temperatura probablemente era de más de 36 grados Celsius.

Mientras estábamos en la tienda, vino otro blanco. Después de comprarme un pastel de chocolate, me agarró la mano, me sacó del centro comercial y me llevó a vivir con una familia de Darfur que se ocupó de mí. No sé qué le pasó a mi hermano. Nunca volví a verlo.

Me quedé con esa familia durante bastante tiempo. Entonces decidieron ir a Egipto con la esperanza de que las condiciones de vida serían mejores que en Libia.

Sin embargo, Egipto era incluso peor que Libia. Los egipcios secuestran a niños africanos y los obligan a la esclavitud. La situación de los refugiados sudaneses en Egipto se hizo cada vez más difícil. La familia que me cuidaba decidió que sería mejor para mi futuro enviarme a Israel. Yo no quería ir. Tenía miedo de ir a un lugar extraño sin ellos. No sabía nada de Israel. A pesar de mis protestas, ellos arreglaron para que yo fuera a Israel a través del desierto del Sinaí y me pusieron en camino.

Cuando nos acercamos a la frontera israelí, los soldados egipcios empezaron a dispararnos. No había vuelta atrás. Tenía que cruzar la frontera. Mientras corría, sentí que algo me golpeaba en el estómago y el muslo. Seguí corriendo durante unos 10 minutos hasta que me caí y perdí el conocimiento.

Soñaba que alguien me decía que despertara. Cuando abrí los ojos, vi soldados de pie sobre mí con armas y tuve miedo porque pensé que eran egipcios.

Afortunadamente, eran soldados israelíes de las FDI. Llamaron a un helicóptero que me llevó a la base del ejército y luego al hospital Soroka. Estoy agradecido a estos soldados que me ayudaron a sobrevivir.

Yo no nací judío. Sin embargo, siento que Israel es la única casa real que he tenido y que quiero formar parte del pueblo judío. Los judíos israelíes me acogieron y me ofrecieron oportunidades educativas, junto con jóvenes inmigrantes judíos de Etiopía. Creo que tengo mucha más afinidad con los israelíes que con cualquier otro pueblo en la tierra.

Como alguien que salió de la opresión de Egipto a Israel, me identifico con la experiencia del Éxodo del pueblo judío. Vine aquí buscando protección y libertad. No vine aquí por dinero.

Elijo ser judío por convicción religiosa. Si me preguntas por qué quiero abrazar el judaísmo, te diré que es porque creo profundamente en Dios, que es mi Creador y el Dios de Israel.

A diferencia de los judíos nacidos en Israel, no tuve la oportunidad de aprender sobre religión en la escuela o alternar en Jerusalem y otras ciudades del país con adolescentes judíos y adultos que se reúnen cada semana para tomar algo, celebrar un cumpleaños y aprender diferentes maneras de conectar con el judaísmo.

Elegí abrazar el judaísmo porque el aprendizaje de la Torá me hace feliz y me influye a pensar positivamente, a ser respetuoso con los demás, y a centrarme en lo que necesito lograr en la vida.

Sea fácil o un reto, Dios me ayuda a conseguir lo que necesito hacer. Rara vez me siento deprimido o vulnerable, si tengo o no el dinero para comprar comida o un boleto en el tren ligero de Jerusalem para ir a mi trabajo de Sherut Leumí (servicio social), donde trabajo con jóvenes escolares israelíes

Mi elección se ha hecho más fácil debido a mis contactos con la gente humilde, simpática y maravillosa que siempre estuvo allí para ayudarme y dispuestos a dar lo que hacía falta. Doy gracias a todos aquellos judíos perfectamente decentes que me reciben todos los viernes a las cenas de Shabat con los brazos abiertos para enseñarme cosas nuevas que han hecho que mi vida parezca más brillante y mejor.

Cuando estudié Torá, aprendí sobre la lucha de Jacob con el ángel, cómo prevaleció y cómo su nombre fue cambiado de Jacob a Israel.

Veo algunos paralelos en mi propia lucha por venir a Israel con la experiencia de Jacob al regresar a la tierra de sus padres a lo que ahora llamamos Israel. En la lucha con el ángel, Jacob fue herido en el muslo. Yo también fui herido en el mismo lugar en el muslo que Jacob cuando estaba a punto de entrar en Israel.

Me alegro de haber hecho el difícil viaje a Israel donde tengo muchas posibilidades diferentes de elegir mi propia manera de tener una vida mejor. Me entristece que mi hermano no esté conmigo y espero que nos reunamos algún día.

Apoyo a Israel y a su pueblo en su feroz lucha por la supervivencia. Por último, doy mi amor incondicional a este joven país y creo que no hay lugar mejor para mí que Israel.

Fuente: The Times of Israel – Traducción: Silvia Schnessel – Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudíoMéxico

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